Construcción de ciudadanía vs. adoctrinamiento temprano

Este es un tema vinculado con los objetivos para la construcción de una comunidad. O bien se la educa para una visión crítica y autónoma de la información y para la propia autocrítica, para el desarrollo de una identidad cuyos valores se proyecten hacia la comunidad en forma creativa y solidaria… o bien se le administra slogans y recetas adaptadas a la edad para encaminarla hacia una visión determinada del mundo y de la realidad local. En la historia de la civilización humana esta última ha representado la visión predominante. Digamos, sin embargo, que lo que implica para la calidad de vida del ser humano el desarrollo en el campo del conocimiento y la tecnología no se vería potenciado si los grados de libertad individual –entendida como autonomía de pensamiento o pleno uso de su creatividad intelectual y emocional-, no aumentaran al unísono con ese desarrollo. Más aún, aquellos podrían actuar en detrimento al imponer alternativas, opciones, para las cuales no se está preparado evaluarlas, llevarlas a la práctica o asumir el impacto emocional de dirimir el desencuentro con valores previos.

| 09 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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En ambos casos, para la acción pedagógica, se tendrán en cuenta las características mentales en función de la edad. Pero en ninguno de ellos debieran utilizarse subterfugios basados en la ingenuidad del interlocutor, o en sus necesidades materiales. La noción de contención, tan crítica durante el perído infantil y también posterior a él, debe darse desde lo emocional y lo físico, pero apelando a valores que superen –en lo social- aquellas visiones sesgadas de la realidad teñidas de fundamentalismo. Ello incluye tanto lo religioso como lo político. Si bien una construcción aséptica de la educación es casi una utopía, los límites de esa construcción deben dejar siempre espacio para la duda, la visión alternativa, el enfoque creativo. Apagar con miedos, consignas o dogmas la chispa humana que enciende la creación de conocimiento, belleza, solidaridad, y la libertad íntima para el disenso, sería apagar el fuego de la especie. Sobre todo cuando no hay posibilidad de resistencia como lo es durante el período inicial del desarrollo individual.

La infiltración en la mente infantil mediante slogans y apelación a los temores es un golpe bajo, una inmoralidad encubierta en los valores que se dicen representar. Un ciudadano con autocrítica, solidaridad y creatividad es un reaseguro para el crecimiento y desarrollo de un país y de las ideas que alimentan una comunidad. Es a partir de estas últimas que la dinámica social podrá revertir las tendencias hacia el pensamiento acumulador, ególatra, autoritario, en fin, hacia el deterioro de la comunidad humana como un evento en continuo desarrollo de su potencial emocional e intelectual.

El enriquecimiento del medioambiente durante el período de crianza, la llamada estimulación temprana del niño, hace al desarrollo de sus instrumentos cerebrales/mentales fundamentales para el comportamiento “inteligente”. Los contenidos de la educación –los valores, la promoción de la creatividad y la autocrítica- hacen a su desarrollo como ciudadano productivo para una sociedad. Encerrar estos contenidos en marcos conceptuales autoritarios -apelando a la ignorancia del interlocutor- sean ellos religiosos o políticos, tornarían inútiles tales instrumentos para el desarrollo individual. Ello representa un problema ético inexcusable.

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Jorge A. Colombo (Buenos Aires)
Doctor en Medicina

Opinión

Miembro de la Carrera del Investigador Científico