Conocer el futuro

El filósofo francés Gastón Bachelard (1884-1962) cita a Hans Reichenbach: “Si se describe un fenómeno por medio de un cierto número de parámetros; el estado ulterior, similarmente definido con un número de parámetros bien determinado, puede ser previsto con una probabilidad E”, para concluir el mismo: “Se presiente aquí que las leyes causales pueden ser de hecho, necesariamente reducidas a leyes estadísticas”.

| 23 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 870 Lecturas
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Estas citas vienen a colación, a raíz de que en la opinión pública y en los medios de comunicación se afirma que la composición ética del Congreso de República se degrada más en cada elección. ¿Es razonable pensar que los actuales parámetros que definen su conformación, modelan también su degradación?

Pienso que sí, y por ello, estimo que, si se mantienen tal cual, la degradación se acentuará el 2016. En cambio, si se modifican ahora, se abriría la posibilidad estadística que el próximo Congreso inicie la escalada para retomar la confianza perdida.

El problema metodológico es acertar en la relación causal; es decir, acertar en encontrar los parámetros que efectivamente están generando la degradación. En este artículo, apuesto por dos, que el sentido común señala como los principales causantes de la degradación, me refiero: I- a la calidad de la agrupaciones políticas y II- al voto preferencial.

Nuestros partidos y movimientos políticos han convertido las elecciones en un mercado que hay que conquistar; por ello, asumen modos de campaña publicitaria; es decir, costosa y preocupada más en trasmitir imágenes fáciles y ganadoras que contenidos sustantivos: “Las corvinas nadarán fritas con su limón”.

Para ganar, se ocupan más de cómo financiar la campaña, que de escrutar la calidad política y ética de sus candidatos. La puerta de las candidaturas se abre ancha para los que pagan más por la matrícula o poseen medios de comunicación o son íconos que arrastraran votos del pueblo como deportistas y locutores.

Para potenciar esta mercadotecnia, se suma el voto preferencial. Su lógica es diabólica, primero se muestra beatífico; dice que gracias a él, el pueblo elige a quién quiera, pero después, provoca la guerra entre candidatos de un mismo partido, favoreciendo al que más plata y promesas pone en la campaña.

Las modificaciones a esta mecánica perversa están a la vista (1) que el Estado financie las campañas electorales y limite los aportes privados. (2) Que se democratice a los partidos proscribiendo el secretismo y la nocturnidad en la selección de listas congresales. (3) Que se amplíe el plazo para la calificación y tacha de candidatos y (4) Que se elimine el voto preferencial para empoderar a los partidos.

Sobre la eliminación del voto preferencial existe ya consenso en el Jurado Nacional de Elecciones, sobre los otros puntos no. La situación es grave, por ello urge discutirlos. Ocurre que algunas personas, usualmente moderadas, suponen y temen que se estarían creando condiciones para disolver el Congreso. Yo no lo creo.

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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto