Congreso que avergüenza

Sólo el 9% de peruanos aprueba al Congreso y el 91% pide el desafuero de los congresistas acusados, según la Encuesta de IPSOS APOYO, publicada en El Comercio del 17 de agosto pasado.

Por Diario La Primera | 21 ago 2008 |    

En esta encuesta, Alan García ve caer la aprobación de su gestión de 30 a 22% en el último mes, entre otras cosas por el aumento de la inflación, incumplir sus promesas y el desempleo que golpea a los pobres y, también, por la pobre imagen interna de su gobierno fruto de las pillerías y los empleados fantasmas del Congreso.

Es una verdad que el desprestigio de las instituciones tutelares, vuelve la democracia más débil y menos creíble. En este marco, el Congreso de la República viene dando un penoso ejemplo de vandalismo político con la conducta de un selecto número de sus miembros.

Al caso de la empleada personal de Elsa Canchaya (UN) pagada por el Estado se agrega el empleado fantasma de Tula Benites (APRA) cuyo único trabajo era cobrar, también cobraba el mataperro Miró Ruiz (PNP), y Margarita Sucari (BP) que se apoderaba de parte del sueldo de su auxiliar como “sobreganancia” y también José Anaya (UPP) que incrementaba sus ingresos falseando facturas de consumos en pollerías que hacía pagar al Congreso. ¡Qué gente! Los hay de varios partidos pero como el Congreso no ha castigado como debe por estas salvajadas, termina castigado con desprestigio del Poder Legislativo.

Después de ver a Martha Moyano elegida por la dinastía fujimorista y sus compinches, como Presidenta de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso de la República, sin ninguna formación para ese cargo, en retribución por el apoyo a la elección del flamante Presidente del Congreso ¡Qué razón tuvieron el 91% de los encuestados al desaprobar el desempeño del Congreso!

Ahora, Martha Moyano, cuya única tarea será defender al papito de Keiko, tendrá atribuciones para elaborar los informes finales de las denuncias que se presenten ante esta comisión, incluso facilitar una denuncia constitucional contra los magistrados del caso Fujimori, beneficiando cualitativamente al “reo peligroso” que maneja a la Moyano, consiguiendo privilegios que no merece para volver a burlarse de la justicia peruana.

El toma y daca en su más puro estilo mafioso se está instalando en el gobierno aprista al costo de retrotraer la precaria democracia peruana a la década del noventa y la imagen internacional del Perú a la de una república bananera.

Un amigo me recordaba ayer una frase que tiene plena vigencia en el Perú de hoy: “para cambiar las cosas que hacen los hombres, primero hay que cambiar a los hombres que hacen las cosas”. ¿Aprenderemos a elegir bien?


    Carlos Urrutia

    Carlos Urrutia

    Opinión

    Columnista