Conflictos sociales: ¿prevención o represión?

Con lo sucedido en Moquegua otra vez se puso en agenda el tema de la prevención de los conflictos. Como se recuerda, después del linchamiento del alcalde de Ilave en el 2004, la Defensoría del Pueblo publica acuciosos registros acerca de latentes conflictos en las regiones. En realidad, constituyen alertas sobre posibles escenarios donde masas movilizadas, por diversas razones, terminan enfrentándose contra la autoridad, particularmente contra la PNP.

Por Diario La Primera | 30 jun 2008 |    

En el caso del “moqueguazo”, los desaguisados del Primer ministro, la parálisis del ministerio del Interior así como la impericia de la PNP curiosamente han abierto una polémica acerca …¡ de por qué no habían sido informados de la magnitud del problema! Hasta el locuaz ministro de Defensa, tomando cartas en el asunto, que dicho sea de paso no le compete, ha declarado que ha fallado la coordinación de “los servicios de inteligencia”, refiriéndose a la DINI, que tampoco depende de su sector.

La proclividad fantasiosa de buscar subversivos detrás de estas manifestaciones cunde entre los sectores más cavernarios de la derecha. Si por ellos fuera, se debería haber llamado al mismísimo Ejército para restaurar el estado de derecho. Hasta -no es broma- hay quienes sospechan de los ex presos senderistas, porque dicen que la protesta de Moquegua se hizo en homenaje al 22 aniversario del motín de los penales (18 de junio de l,986). Así, creen que con información de inteligencia y con una eficiente represión de las fuerzas del orden, se debelarían los conflictos metiendo en la cárcel a un puñado de sediciosos.

El problema es otro. Tenemos un gobierno cada vez más autista ante los reclamos descentralistas, que se siente soberbio y dueño de la verdad pero no quiere comprender, que a diferencia de los dos primeros años de su anterior gestión cuando tuvo una aprobación de más del 80%, ahora, en cambio, existen vastas regiones donde tiene también más del 80%,…¡pero de desaprobación!


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista