Conflictos sociales y conflicto partidario: dos aguas del mismo río

La denuncia de Carlos Tapia sobre el protagonismo de un asesor extranjero en las decisiones de Estado que traspasan el ámbito de la imagen política es preocupante si con eso el gobierno muestra haber tomado la decisión de dar prioridad a los gestos de rédito político hacia el 2016, antes que al intento de solución de conflictos y problemas, ciertamente heredados, pero que este partido prometió tratar a contracorriente de su antecesor y en resguardo de los eternamente excluidos.

| 28 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 3k Lecturas
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Habrá que esperar -cuando esta madeja termine de desenredarse - a ver si ésta ha sido una “amplificación” de la realidad hecha por Tapia, alimentada por el sinsabor de haber sido maltratado, o si estamos frente a un pre-aviso de lo que se nos viene. Que un firmante del “acta de sujeción” al siniestro Montesinos, como el Cnel. (r) EP Adrián Villafuerte, sea la máxima autoridad en seguridad del Presidente da tantos escalofríos como la denuncia de los seguimientos y chuponeos.

Y sin persignarnos por algo que aunque se realiza en cualquier gobierno del mundo, no deja de ser reprobable, cuestionable y denunciable, si a 100 días de gobierno están espiando a los propios correligionarios, la señal es perversa.

Pero mientras estas preocupantes denuncias se confirman o pierden peso, no hay que distraernos, menos el gobierno, de la tormenta social que parece avecinarse y que podría comenzar a complicarle al país el promisorio panorama de bonanza y ventura en medio de la globalizada crisis financiera.

Dejar ir a Tapia parece en el fondo una señal de un punto de quiebre del gobierno en términos del “modelo”. Y es que como Yehude Simon resumió en una frase, el presidente Humala dijo “oro y agua” y no “agua y oro”. En este caso en particular el orden de los factores no solo altera el producto, también el ánimo de los pobladores.

Los conflictos no son hijos de este gobierno sino del Estado transgresor e indiferente por décadas; parcializado con los grandes capitales en desmedro de la calidad de vida -ya desatendida históricamente- y que llegó a la barbarie de insultarlos no solo con la indolencia sino con la ofensa de tratarlos de “perros de segunda clase”. Pero también es cierto que en solo 100 días este gobierno ha engendrado 20 nuevos conflictos que se han sumado a los 214 que dejó AGP, el “cancerbero” y autor del infausto apelativo del Hortelano.

Los problemas, harto conocidos y manoseados, me atrevo a sintetizarlos en dos desde los que creo pueden nacer las soluciones: Desconfianza e ignorancia. Pero no la ignorancia del pueblo como siempre se le achaca. Desconfianza del pueblo para con TODAS las entidades del Gobierno Central. E ignorancia de TODAS las partes involucradas sobre la realidad acuífera del país, científicamente probada.

“No hay un estudio integral hidrológico de todo el Peru para saber dónde están las fuentes de agua”, acaba de revelar el Físico Nuclear Modesto Montoya (Sophimania.pe). Los gobiernos toman decisiones A CIEGAS acerca del agua. Montoya propone un mapa hidrológico, que mediante los llamados “trazadores”, rastrean el agua y genera una radiografía tridimensional del agua subterránea. (ie, San Mateo, 1980.) Esa tecnología, asegura, EXISTE en el Perú, así como los hombres de ciencia del IPEN (del que fue Director y conoce bien) para usarla.

¿Por qué se deciden EIAS o concesiones sin un mapa así? Quizás la respuesta esté en que este sistema de “trazadores” también determina el grado de contaminación del agua.

El otro tema, el de la confianza en la neutralidad del ente que determina la idoneidad o no de un proyecto minero y su grado de impacto ambiental y social, también podría resolverse con la participación de hombres de Ciencia desde un ente que no se vea como juez y parte (que es así como los pobladores ven al MINEM que presenta los EIA).

Pero quizás el escollo mayor -salvando los anteriores con tan solo tomar la decisión de usar los recursos científicos disponibles y con una visión de estadista- es el del rechazo total, absoluto y radical a la actividad extractiva. Allí sí que hay un trabajo muy árido, pero imprescindible por hacer.

“La sociedad tiene que ser consciente de que las actividades humanas, todas, generan impactos y que el acuerdo debe pasar por consensuar cuál es el impacto que estamos dispuestos a aceptar”, dice Manuel Pulgar-Vidal de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, una de las pocas ONGs neutrales y técnicas por excelencia.

Y allí está el gran reto. Hacer docencia acerca de la imposibilidad de habitar un mundo desarrollado y hacerse de sus beneficios si no se sacrifica algún grado de pureza natural. Excepto que uno decida aislarse voluntariamente como los No-Contactados. La gente tiene que entender que para obtener beneficios hay que hacer concesiones. Claro, en la medida que ellos consideren que esos beneficios pesan más que las concesiones, esto será posible. Mientras se les pruebe que el impacto no ponga en riesgo la salud o modo de supervivencia alimenticia. Si no, no deberíamos ni siquiera atrevernos a pedirles que sacrifiquen sus vidas por las de la bonanza económica del país.

Ollanta Humala ha dicho oro y agua. También que protegerá a las comunidades. El pueblo votó creyéndole. Precisamente Áncash y Cajamarca votaron en más del 50%. Son un ejemplo de lo que puede estar a la vuelta de la esquina en todo el país. Cualquier presidente tiene todo el derecho del mundo a dirigir su partido y a escoger a sus asesores como mejor le parezca. Y la prensadora de derecha no debe ser el cuco que incline la balanza. Tapia y la izquierda parecen estar de retirada en el gobierno. Más allá de las luchas internas, lo de más de fondo que debe importarnos, es mantener la paz social, la bonanza o al menos estabilidad económica, recibir las inversiones que nos beneficien, pero no a costa de matar lentamente la calidad de vida de un grupo de peruanos. Peruanos que tienen todo el derecho a opinar de manera informada con las herramientas científicas y neutrales que el gobierno tiene obligación de alcanzarle.

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Claudia Cisneros

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