Confianza en sí mismo

Un proyecto personal, pensado y diseñado para llevar adelante un propósito cualquiera, requiere, entre otras cualidades además de la idea, de autoconfianza o de confianza en uno mismo, de creer que podemos. Vale decir, estar convencido de aquello que se quiere acometer, estar seguro de que estamos haciendo lo correcto, lo que sin duda se traducirá en “ese brillo en los ojos” al que se refiere Benjamin Zander, excelente motivador, director de la Sinfónica de Boston en su libro “El arte de lo posible”. Y sí, pues, a muchos nos resulta sencillo el comprobar que alguien está trabajando en algo que le agrada de sobremanera con solo mirarlo hacer: sus ojos, el rostro, su lenguaje corporal y su voz dándose ánimo, ganas, entusiasmo y, a la vez, contagiando a los demás o “iluminado a los demás” con sus acciones.

| 03 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 725 Lecturas
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Creer que podemos estar seguros de que estamos haciendo lo correcto, que estamos dando el máximo de nuestro esfuerzo, saber que nuestro ánimo está claramente alineado con nuestro propósito, con aquello que queremos conseguir, con la idea que tengamos de logro, con los indicadores que nos servirán de comprobación posterior, este creer de verdad en lo que hacemos, firmemente convencido y apasionado, es el responsable de “ese brillo en los ojos”, brillo que, en algunos casos como en sentido metafórico refiere Zander: “puede llegar a iluminar una ciudad”.

Se puede tener poca o mucha confianza en sí mismo y sin duda será mejor cuanta más de ella tengamos y que podamos ponerla en práctica en todos nuestros actos. El nivel de autoconfianza que mostremos ya de adultos, es cierto que tiene mucho que ver con el cómo hemos sido criados, con cuánta seguridad nos haya brindado el ambiente en que nos tocó crecer: padres, familia, amigos, escuela; sin embargo no es menos cierto que también es posible el que podamos trabajar por hacernos de una autoconfianza suficiente en cualquier etapa de nuestras vidas y cualquiera sea la edad que tengamos. La historia está llena de excelentes ejemplos que avalan esta aseveración.

Haríamos bien en nuestro accionar por llevar adelante nuestro proyecto el que nos preguntemos si es que estamos conformes con el nivel de autoconfianza con el que ahora contamos, si así fuera, bien por ello, de lo contrario, si no lo estamos, pues entonces lo que deberíamos hacer como primer paso es emular, es decir encontrar un modelo al cual aproximarnos y trabajar fuerte por conseguirlo (emular: imitar las acciones de otro procurando igualarlas e incluso excederlas).

Sin embargo, tener autoconfianza sin conocimiento no basta así que además de emular al modelo que hayamos encontrado será necesario también y como segundo paso que nos apropiemos de todo el conocimiento teórico y práctico posible sobre aquello que queramos emprender.

No es que exista una varita mágica, eso solo sucede en los cuentos de hadas, debemos hacernos responsables de nuestro propio crecimiento y de nuestro fortalecimiento como persona.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista