Concertación y huelgas mineras

Si una tesis se ha repetido hasta el cansancio es que la distancia entre el Ollanta del 2006 y el del 2011, se debe al sentido de la primera vuelta y que la victoria insuficiente de la O, no servía para formar gobierno, por lo que el mandato de las urnas era la concertación. Yo, lo debo decir con toda franqueza, no creo en eso. En realidad el Ollanta II era diferente al Ollanta I desde que comenzó la campaña en diciembre del año pasado y fue por eso que se desembarazó con facilidad del programa de gobierno que le tomó tantos meses al equipo de Félix Jiménez y permitió que se construyeran leyendas urbanas como que el candidato “había madurado”, que Lula era su padrino, que Cipriani le dio su bendición, etc.

| 13 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
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Obviamente estaba preparando al de la segunda vuelta. Pero el problema que algunos observamos era que ese candidato ya no tenía la fuerza del de hacía cinco años y la pregunta era si aquellos que casi lo llevaron al triunfo el 2006 iban a mantenerse a su lado con el nuevo empaque. El estancamiento del nacionalista entre 10% y 12% hasta el mes de marzo, parecía dar crédito a estas preocupaciones. Algo así como no que no estaba convenciendo al centro, y estaba perdiendo a la izquierda. Pero Ollanta no tenía ninguna duda que al final se reconstruiría el núcleo radical de la vez pasada, aunque fuere porque no tenían otra alternativa. Y eso se confirmó cuando en abril el polo blanco del 2011 logró casi el mismo porcentaje que el rojo del 2006 (de 30% a 31%). O sea que sí tenía en el bolsillo a los duros, pero eso no excluía una gran tensión como se vio en los días finales de la segunda vuelta cuando los huelguistas de Puno amenazaron con sabotear las elecciones (donde se jugaba el 6% de la votación ollantista).

Podría trasladarse el caso además a Cajamarca, Apurímac, Áncash, Tacna, Arequipa y otras regiones con problemas con la minería, para advertir que sin necesidad de incluir el tema en la hoja de ruta, el juramento y otros compromisos orientados a afirmar y reafirmar la nueva moderación del candidato, la lectura de los movimientos sociales siguió siendo que para ganar a sus enemigos necesitaban de Ollanta Humala. En Puno se escuchó una frase que resumía todo: en realidad el polo rojo debe estar debajo del blanco. Y si uno revisa discursos de Ollanta en las zonas mineras como el de 21 de mayo en Bambamarca (reproducido en estos días en este matutino), verá cuán consciente era él mismo del implícito que mantenía con los que ahora les llaman “radicales”.

Claro que ni en el proyecto nacionalista combativo del 2006 que afirmaba que crecer sin redistribuir y sin control de los recursos naturales, era engañar al pueblo, y en el madurado del 2011 que promete inclusión y diálogo, estuvieron muchos de los que hoy están alrededor del poder con el argumento de la concertación, mientras que otros que se unieron al ahora Presidente por convicciones políticas para cambiar el país quedaron fuera o disminuidos, para certificar que había cambiado hasta de amigos. No es por “concertación” que el gobierno actual tiene un marcado sesgo tecnocrático, sino porque está administrando el poder de acuerdo al sentido del viento. Esta semana teníamos a dos ministros en Andahuaylas que no sabían lo que querían ante la masa y que se corrieron de la Asamblea porque creyeron que iban a secuestrarlos, dejando un caos en la ciudad; y yo me preguntaba si para eso ganó Ollanta.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista