Con estos ministros, quién necesita enemigos

Nancy Flores, Lánder Tamani, Juan Navarro, Constantino Ramos, Gerónimo Chino, John Lucana, Manuel Pisco y César Vilca estarían aún con nosotros si el ministro Otárola hubiera hecho su trabajo. Si le hubiera dicho al Presidente lo que ahora le dice a una periodista[1]: que no hay medios aéreos suficientes, que falta entrenamiento, que hay poco combustible, que la estructura es inadecuada y que la inteligencia está por los suelos ([1] entrevista de Diana Seminario).

| 07 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
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Si el ministro Otárola hubiera tenido la firmeza, si le hubiera importado su gente (ah, perdón, no es militar...), si la estrategia militar hubiera primado sobre la mediática, si se hubiera atrevido a cuestionar el apuro, la reactividad de las órdenes, ellos estarían aún con nosotros.

Sí, los enfrentamientos tienen un costo y sí, quienes se enrolan en las fuerzas del orden, saben que su vida es un bien precario en esas circunstancias. Pero la negligencia de los altos mandos, las malas decisiones de los superiores no deben contar en esa ecuación, menos si no se toman decisiones por estrategia militar sino por lo que parece haber sido más una torpe estrategia de marketing político. Los rehenes YA HABÍAN sido liberados por los delincuentes, y sí, todos queríamos que los buenos acabaran con los malos, pero tomando en cuenta el terreno, las deficiencias y carencias heredadas y aún no remontadas, ¿cuál era el apuro de mandar al cadalso a policías y militares? ¿Si como ahora se desgañitan diciendo desde el Presidente, pasando por ministros cuestionados y voceros del oficialismo, ésta es una guerra de hace años y de largo aliento, por qué el triunfalismo mediático de salir a declarar que hay un cerco, que pronto habrá noticias y una sarta de victoreras palabras vacías de diseño militar y ahora manchadas de la sangre de ocho soldados y policías?

Si el ministro del Interior hubiera hecho su trabajo, Tamani, Astuquillca y Vilca no se hubieran quedado solos, no les hubieran disparado al día siguiente, no hubieran asesinado a Tamani, no hubieran herido de muerte a Vilca y Astuquillca no hubiera tenido que pasar quince días cuidando un cadáver hermano primero, y luego curando a un segundo hermano hasta prácticamente verlo morir. Y Astuquillca no hubiera tenido que caminar 17 días con heridas de bala en la pierna y la mano, y el corazón hecho trizas porque nunca volvió a oír de los suyos, de esos que siempre le enseñaron que no se abandonan... Como Vilca no hubiera tenido que morir desangrado, más que de la pierna y el boquete de 20 cms. desgarrado por el sentimiento de soledad y abandono de esos compañeros que jamás asomaron para encontrarlo. ¿Es que estaban en otro país, en otro planeta, en otra dimensión? ¿O es que Otárola y Losada estaban demasiado ocupados contando repuestos de helicópteros, sumando recibos de combustible, mandando a escribir comunicados de pseudotriunfo, o preparando sus viajes a Colombia o a inspeccionar tardíamente chalecos y raciones en el VRAE?

El Presidente, el jefe de la Diroes y los ministros repiten sin vergüenza que Dionisio Vilca pidió expresamente que las fuerzas del orden cesaran sus incursiones para poder ir a recuperar a su hijo. Como si eso los librara de toda culpa, de toda negligencia, de toda incompetencia. No se preguntan acaso, como nos preguntamos todos, ¿por qué el padre héroe tuvo que ir a recoger los restos del hijo héroe cuando los que mandan tenían en sus manos rescatarlo con vida el primer día que los dejaron solos y cuando aún no estaban heridos, o el segundo día en que Tamani muere por el fuego narcoterrorista y Vilca queda malherido, o el tercero, o el cuarto o el décimo segundo o décimo quinto, o sexto, en esta saga que parece una mala broma, una mala película de bajo presupuesto una b-movie insoportable, indignante, inverosímil?

¿Se puede ser tan torpe, tan insensible, tan indolente con los nuestros? ¿Quién fue el brillantísimo asesor que aconsejó el comunicado del cerco, el envío de tropas sin experiencia de terreno, la ofensiva inútil, a ojos vendados y a trompicones cuando ya los rehenes estaban libres y sanos? ¿No hubiera sido lo inteligente continuar con la estrategia militar e institucional que este gobierno dice tener para esta zona cercana al VRAE y para el VRAE mismo y no ponerse el traje de vencedor sin tener claro ni siquiera a quién hay que vencer?

Y es por eso que hoy no están con nosotros ni Nancy, ni Lánder, ni Juan, ni Constantino, ni Gerónimo, ni John, ni Manuel, ni César... Porque se quiso lanzar fuegos artificiales donde la sombra era el mejor aliado y la mejor estrategia. Que botar a los ministros sólo beneficia a los narcoterroristas delincuentes sería cierto si esos ministros estuvieran haciendo lo que deberían hacer. Dejarlos en sus puestos es más bien lo que seguirá beneficiando a los terroristas, porque gracias a sus falencias, tenemos ocho valientes menos y ni un terruco a la vista, y gracias a sus falencias seguiremos perdiendo.


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Claudia Cisneros

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