Con el corazón adolorido

Mediante el Facebook, Janet Ramírez había conocido a Fernando Quispe una noche de lunes cuando escribía un ensayo para la clase de cultura de actualidad de la universidad. Fue un raro encuentro por la red, porque ambos coincidentemente se sentían solos, necesitaban nuevos aires, nuevos amigos y querían caminar por nuevos caminos.

Por Diario La Primera | 13 jul 2012 |    

Janet tenía enamorado, pero nunca le contó sobre su relación a Fernando, quien por aquel tiempo estaba solo como un árbol deshojado y cada rato le hacía notar a ella su desesperación por estar con alguien.

Fernando estaba en plan de búsqueda de una dueña para su corazón enamorado y después de soñar que caminaba con ella de la mano por un parque pensó que había encontrado a la mujer de sus sueños. Los días pasaron marcados de ilusiones y palabras cariñosas mediante la red y Fernando se sentía ya muy enamorado tanto que empezó a correr por las mañanas y comprarse ropa nueva con la ilusión de verla algún día. Dejó el Facebook y empezó a enamorarla por teléfono. La llamaba por las mañanas para despertarla; la llamaba antes de almorzar; después de almorzar; en la tarde antes de comprar algún aperitivo; antes y después de la cena; antes de acostarse; y así, todos los días.

A ella le gustaba que él la llamara seguido y se sentía mejor conversando con él que con su enamorado; pero un jueves por la tarde, cuando él la llamó después de almorzar, ella le dijo que tenía una relación y esa información que se le escapó fue un golpe casi mortal para él porque pensó que era una forma de rechazarlo para siempre y de la peor manera. Ella se dio cuenta y apagó el celular por los nervios y eso fue interpretado por él como una afrenta brutal contra la amistad que se había germinado en el Facebook un lunes aburrido por la noche. Fernando, a sus 25 años, sufrió más que cuando había sido rechazado por su primer gran amor a los 16 años. Con el dolor de su corazón triste tuvo que eliminarla de Facebook y de la agenda de su celular y lloró como niño en el parque gigante cerca de su casa. “No tenía por qué hacerme esto, no tenía por qué hacerme esto”, decía. Nunca más volvieron a verse, porque ella sintió con el paso del tiempo que él solo quería jugar con ella, y nadie entendió por qué.

    El Escorpión

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