Comunicación con los hijos

Numerosos estudios sobre rendimiento escolar revelan que los alumnos que mejores calificaciones obtienen son, generalmente, aquellos a los que sus maestros les han dedicado más tiempo, es decir, los han atendido con mayor dedicación y esmero, los han mirado durante más tiempo durante las horas de clase, los han escuchado con más interés y han valorado sus intervenciones con mayor frecuencia.

| 03 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 656 Lecturas
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La escuela cumple su rol en el aprendizaje y en la formación de ciudadanos, sin embargo su tarea necesita ser complementada con el trabajo que deben hacer los padres en el hogar. Es común escuchar a los padres responsabilizando enteramente a la escuela por la formación de sus hijos, limitándose ellos, la más de las veces, a supervisar el oportuno cumplimiento de las tareas encargadas para ser trabajadas en casa, trabajo que generalmente, dicho sea de paso, es asumido por las madres. El gran aporte que puede hacer el hogar a la formación de los alumnos es el procurar un hogar comunicado, en donde los hijos tengan muchas oportunidades de expresarse, de ser escuchados y de ser valorados.

El aula entonces no puede estar divorciada del hogar, ambos espacios deben ser un continuo y, a la vez, un complemento. Es cierto que hoy en día los hogares, o mejor dicho la vida de familia en la casa, se han visto invadidos y ocupados por las tecnologías de comunicación y de entretenimiento.

Cada vez es más difícil encontrar en el hogar, espacios y momentos en los que se pueda conversar sin ser interrumpidos por la omnipresencia de la tecnología: celulares, juegos, internet, televisión, etcétera. Este escenario hogareño es distinto al que ofrece día a día la escuela con su disciplina, estructura de aprendizaje y otros ¿Entonces para ser complemento una de otra qué tiene que pasar en el hogar?

La respuesta es una: comunicación entre todos quienes componen el hogar y principalmente con los hijos: escucharlos, interesarse por lo que dicen, piensan o hacen, valorar sus opiniones, ayudarlos a que hable más y a que manejen más palabras para expresarse.

Podemos pensar que no es posible dedicarles tiempo a nuestros hijos porque el día a día nos gana pero no es tan cierto. Basta por ejemplo consagrar el momento del desayuno de todos los días a conversar con ellos en la mesa, claro está, sin periódico a la mano y con el televisor apagado. Pruebe usted a hacerlo, persevere y pronto verá que se instala en su casa la comunicación afectiva. La escuela y, sobretodo, sus hijos se lo agradecerán.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista