Complicada concertación

Parece que a la propia derecha empresarial y mediática le cayó mal el spot anti-impuestos de los mineros en la misma semana en la que celebraban el nombramiento de Luis Miguel Castilla en el MEF y la ratificación de Alberto Velarde en el BCR. Un error más que evidente, que de alguna manera trasluce que aún el grupo más poderoso del capital se había preparado para otro tipo de pelea en el pase de julio a agosto.

| 24 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Pero, ahora, ¿contra quién era el golpe?, ¿cómo tratar con el nuevo titular de Economía?, ¿buscarlo en su despacho o enfrentarlo con una campaña de avisos? De pronto, la clase capitalista peruana empezó a vivir una crisis de identidad. Luego de haberlo reclamado tantas veces, los puestos centrales de la economía quedaron en manos de personas de su confianza.

Pero si estos tipos ya conversaron con Ollanta para llegar a donde han llegado y han aceptado, aunque sea desde sus particulares criterios, que se van adecuar a la hoja de ruta e impulsar las reformas de las que dependen la viabilidad del presidente, el problema va a ser si los distintos sectores de la derecha se considerarán implicados en este compromiso.

Con los empresarios vamos a tener, por cierto, todas las idas y venidas que sean necesarias. De repente, si hay impuestos mineros el 28 de julio, el resto de la clase capitalista diga que se lo merecen por haber “metido la pata”. Ya el designado ministro de Comercio Exterior, procedente de ADEX, ha hecho declaraciones antimineras que parecen una disputa entre sectores privados que empieza a atravesar el nuevo gobierno, como si existiera efectivamente un germen de crisis en los grupos del dinero, con algunos dispuestos a asociarse con el nacionalismo y otros que se espantan de dar un solo paso en dirección distinta a la que hemos venido siguiendo en veinte años.

La prensa ligada al poder económico ha tenido ciertamente una semana de alivio después de los sinsabores de la derrota en las urnas. Pero no parecen estar pensando en la “gran concertación” de la que habla el presidente, sino en sobre a quién deben estar dirigidas sus primeras batallas para ir aislando al gobierno. Estoy convencido que el blanco escogido es la izquierda a la que hay que separarla de Ollanta.

Por izquierda hay que entender todo el sector de la propuesta original del ollantismo, nacionalista-izquierdista, que se encuentra en minoría y en posición incómoda en el esquema de equilibrios establecidos para el inicio del gobierno. Sobre el flanco de los ministros y altos funcionarios progresistas van a caer los primeros obuses de los que tampoco se creen eso de la concertación de todos con fines de hacer las reformas y seguir creciendo.

Pero tal vez lo que vaya a pasar es que estemos entrando a una dimensión de la política que no hemos vivido anteriormente, sobre todo en estos veinte años de pensamiento único, tecnocracia autosuficiente y corrupción de las elites políticas. Intuyo que va a haber mucho más política, pactos y rupturas en el curso de los siguientes cinco años. Esta sería la película que no hemos visto, de la que habla Ollanta que sus críticos van a tener que ver para convencerse. Para el análisis político, cada día y cada movimiento va a ser un desafío. No puede ser de otra forma.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista