Como te ven…

…y como te escuchan, de esta rapidísima “primera mirada” dependerá en mucho el trato que recibamos, que se nos dispense, me refiero a la atención y consideración que obtendremos de quien nos escucha, a quien nos dirigimos, de los otros. “Como te ven te tratan”, reza el refrán y esto parece ser cierto. Nosotros somos contenido pero también somos continente, es decir somos quienes somos, mente cuerpo y alma, pero además somos también su envoltura.

| 05 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores |808 Lecturas
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La imagen que proyectemos ante los demás, en una cita, en una entrevista, en una reunión de negocios, puede ser, según el caso, un obstáculo o una buena ayuda para conseguir lo que nos proponemos. Las gentes se forman, en los primeros segundos de contacto, una impresión de lo que, para ellos, somos, a esto se llama percepción.

A partir de nuestro comportamiento: la forma en que saludamos, como suena nuestra voz, lo que revela nuestra postura, los gestos y ademanes que utilizamos y también lo que vestimos. Es decir nuestro comportamiento y vestimenta hacen nuestra envoltura y esto es lo que la gente percibe y pone en valor al contactarnos. No se toman el tiempo ni la molestia en averiguar lo que somos realmente, es decir en qué pensamos, qué sentimos, con qué soñamos.

Es lamentable que esto suceda pero es así como actuamos los humanos en sociedad. Normalmente no veríamos en un velorio a alguien vestido con ropa de baño y sayonaras. El mismísimo Benedicto XVI, vestido en bermudas, zapatillas y gorro de tenis, anteojos para sol y una cámara fotográfica, frente a nuestra Basílica de La Merced, sería un turista más expuesto a los pirañas.

Comportamiento y vestimenta entonces deben merecer nuestra atención. Esto en buen cristiano se llama imagen personal. Imagen que hay que preparar, construir y mantener para ofrecerla en cuanta ocasión se ofrezca.

Quizás suene banal este artículo, pero la sentencia con que empieza resulta verdadera. Vivimos en un mundo de estereotipos, de prisas, sin tiempo para la reflexión y el análisis. Adaptarse o morir parece el grito de combate. Así que empecemos a reconocer nuestras debilidades comunicativas a partir de nuestra imagen y a buscar la manera de mejorarlas.

La vestimenta por ejemplo, debe ser la apropiada para cada ocasión, basta que esté limpia y cuidada, no es necesario el lujo ni el dispendio. La limpieza de la vestimenta debe acompañar a la limpieza del cuerpo, aseo y buen olor harán de nosotros un mejor producto a la hora de cualquier negociación. Porque eso es lo que hacemos en toda relación interpersonal: negociar.

El dar la mano, firme y segura, a la vez que miramos a los ojos del otro, es mejor que darla floja y a medias, cuando no húmeda y mirando a cualquier lado. Igual que con el lenguaje de las manos, nuestra voz debe ser cuidadosamente presentada: claridad, pronunciación, pausas, volumen y entonación completarán la proyección de una buena imagen que no necesitará de una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.

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Jaime Lértora

Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista