¿Cómo dijo?

Én reciente noticia nos hemos enterado de que a un grupo de bancos se les ha llamado la atención supuestamente por haber inducido a error a sus clientes a través de sus contratos. Otra vez la letra chica pero una vez más el lenguaje que distancia, que no se entiende, los términos rebuscados, técnicos, legales, lo que fuera, para que finalmente el cliente no entienda nada y después, sólo cuando se presenta un después, se dé cuenta de que firmó sin entender.

| 08 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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Hoy le tocó a la banca, pero este asunto de la terminología legal cruza todas las actividades financieras y de las otras ¿Estamos haciendo algo por remediar esta situación? ¿Forma parte este propósito de enmienda postergado que es la inclusión? Pues sí, aunque poco pero sí se está haciendo. Veamos dos ejemplos.

Primero, el de los mismos bancos, uno de ellos ha declarado por medio de vocero autorizado que están próximos a poner en práctica nuevos contratos producto de un largo trabajo de vulgarización hecho por un equipo de filólogos (gentes especializadas en el estudio de la lengua), que harán más fácil y más transparente la oferta que hagan a sus clientes. Enhorabuena, de seguro será bien promocionado el lanzamiento (marketing que le dicen) y luego de pasado un tiempo los demás bancos y financieras tendrán que hacer lo mismo.

Segundo, un hecho poco conocido aunque data del 2008, es el de la jueza Roxana Jiménez Vargas-Machuca, jueza titular de la Corte de Arequipa, quien a decir de una nota periodística, es cuidadosa de usar un lenguaje sencillo en sus resoluciones. No usa el “según el primer otrosí que corre por cuerda separada a fojas 31”, si no frases simples dirigidas al público usuario de estas resoluciones pues a decir de esta ejemplar profesional del derecho: “Las sentencias son para los ciudadanos, no para los abogados”. Confiemos en que otros jueces copien este comportamiento ya que sabemos que no se les puede imponer el que lo hagan ya que son autónomos por la Constitución, aunque muchas ganas tengo de ver el que se les ordene hacerlo. Inclusión a la fuerza en algunos casos pareciera estar justificada.

Tercero (no hay un tercer caso, aunque anuncié en el primer párrafo que veríamos dos), quiero sin embargo contar esta anécdota vivida en una reunión de formación con mujeres dirigentes de comedores populares. Se quejaban conmigo del trato discriminatorio que recibían en las atenciones de salud. “Fíjate, Jaime, en cualquier noticiero, cuando hay un accidentado en nuestra zona, en moto-taxi que es lo más común, lo llevan al nosocomio para que lo atiendan los galenos, sin embargo cuando similar hecho ocurre en las ciudades los accidentados son llevados a clínicas y los atienden médicos, no hay derecho pues.”

Haríamos bien los comunicadores en acercar el lenguaje al entendimiento de la población, lo cual no quiere decir que hablemos de cualquier manera, si no que expliquemos los términos que presentamos como nuevos, para asegurarnos de que sean entendidos por todos o por la mayoría. Así quizás nos sintamos cada vez más incluidos los unos y los otros.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista