Come gatos

Javier se despertó asustado porque había soñado que su gato se había caído por la ventana de su departamento en el cuarto piso. “¡Minino! ¡Minino!”, gritó. Pero Minino no se acercaba como todas la mañanas. Entonces Javier pensó que la caída no fue en el sueño y bajó como loco a preguntarle al portero del edificio: “¿Sabe algo de Minino, mi gato?”. “Nada”. “¿No se cayó por la ventana?”. “Estoy despierto desde las cinco de la mañana y no he visto nada”. “¿A qué hora te acostaste ayer?”. “A las once”.

| 29 junio 2012 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 575 Lecturas
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Javier pensó tranquilamente y llegó a la conclusión de que en realidad sí había soñado con la caída de su gato; pero se puso triste porque no sabía dónde estaba. Buscó por todos los rincones de su departamento y no lo encontró.

Hizo memoria y se dio cuenta que el día anterior Minino no lo había recibido con los maullidos de siempre y que él se había olvidado de darle de cenar. Fue a preguntarle a la señora que hace la limpieza de las escaleras del edificio. “¿Usted sabe dónde está mi gato?”. “No, don Javier. Pero la vez pasada lo vi en la azotea y me pregunté cómo llegó hasta ahí si usted deja su departamento cerrado”. “¿Dónde estará ahora?”. “No sé, don Javier. Pero le cuento que el señor de la cochera que está al lado del edificio come gatos”. “¿Come gatos?”. “Sí; pone trampas y todo”.

Bajó corriendo a buscar a su gato en la cochera del lado y el encargado de este lugar le dijo: “Mire señor, yo a usted lo respeto mucho porque es el único que me paga a tiempo y sé cuanto quiere a su gato. Por eso, no es cierto lo que dice la vieja loca; yo nunca me comería a Minino. Es el portero el que come gatos”, dijo.

Javier volvió al edificio dispuesto a romperle la cara al portero, pero éste le dijo: “Señor, yo no sé nada de su gato. Pero le digo que el otro día la loca que limpia las escaleras me dijo que su gato estaba bien gordito como para un estofado. Se lo juro”.

Cuando Javier subía por las escaleras con la intención de decirle su vida a la señora que limpia las escaleras del edificio, un gato maulló en la azotea. Javier fue corriendo para ver si se trataba de Minino y no era él. Mentira. Sí era Minino y se estiraba como un león perezoso después de un sueño tranquilo.


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