Colina y Rodrigo Franco están de moda

El ministro Pedraza se ha lavado nuevamente las manos por la elección como presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, de un general con los peores antecedentes de la justicia militarista del período de Fujimori: encubrimiento de Montesinos, Hermoza y el grupo Colina; exculpación de los responsables de la corrupta compra de armamentos; suscripción del Acta de Sujeción a Montesinos, entre otras bellezas, y ha dicho que el gobierno solo destituyó al anterior presidente lo que está dentro de sus funciones, pero la Sala Plena lo reemplazó por Hugo Pow Sang, lo que ya no es su problema.

| 25 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 966 Lecturas
966

Tremenda roca, por supuesto, porque con igual criterio y estudiando el escenario, el gobierno pudo haber hecho una apreciación previa sobre los posibles reemplazos del saliente y ahorrarse el papelón de haberle abierto la puerta a quien consideró que el grupo Colina no existía y tampoco el “plan ambulante” que fue la base para la matanza de Barrios Altos y que dijo, finalmente, en su Informe de auditoría, que Martín Rivas, Pichilingue, Sosa y otros eran personal administrativo del Servicio de Inteligencia que no podían haber estado involucrados en los asesinatos. Unos meses después el gobierno de Fujimori ordenaría procesar sumariamente a los Colina y los condenaría prácticamente sin proceso para salvar la cara del régimen que un año después les daría amnistía. Y Pow Sang siguió de lo más tranquilo.

Así, otra vez estamos ante la evidencia de que unas Fuerzas Armadas que nunca fueron depuradas seriamente de los efectos de su degeneración montesinista (contra la que se supone se levantaron los Humala en Locumba), da como inevitable producto que un gobierno que pretende saber más que nadie sobre militares se tropiece a cada rato con el pasado que está impregnado en las líneas de sucesión institucional. De paso, además de lo que ocurre en la llamada Justicia Militar, ha resultado coincidente con otra resucitación inesperada en plena campaña de revocatoria en la ciudad de Lima, y es que cuando nadie se lo esperaba don Agustín Mantilla decidió decir esta boca es mía y se mandó a favor del Sí como si quisiera un lugar junto a Marco Turbio, Alan García, Castañeda y Aldo M.

Entonces el país ha tenido que recordar que don Agustín no solo es el que recibió 30 mil dólares de manos de Montesinos para la campaña del APRA del año 2000, cuyos secretos los guarda como militante disciplinado luego de haber pasado varios años en la cárcel, sino que también fue el jefe y organizador del llamado Comando Rodrigo Franco, antecedente del Colina. Ya el destaque de la exministra Nidia Vílchez a la campaña del Sí había hecho recordar que esta estructura siniestra existió y que tuvo integrantes que andan impunes por la calle. Pero Mantilla está en pleno proceso por este caso, respondiendo ante el juez y los fiscales por crímenes bien concretos.

Todo esto hace ver que a los problemas con la historia y al posible “negacionismo” senderista por lo que ocurrió en los 80 y 90 que parece obsesionar al gobierno de Humala y a la derecha criolla, se le suma el “olvidacionismo” que se está haciendo de los escuadrones de la muerte que operaron en el Perú en ese mismo tiempo y los escalones del Estado y la Justicia que hicieron lo posible por protegerlos. Es muy grave que el gobierno no distinga a los militares que justificaron las operaciones encubiertas. Y que el grupo revocador tampoco tenga reparos de tener como voceros a personas con las manos manchadas de sangre.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | | |


...

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista