“Claro” y sus mensajes indeseables

¿Qué cartel de Guadalajara o Sinaloa, qué banda de Chihuahua, qué poderes ocultos de Cancún están detrás de “Claro”, la compañía mexicana que reemplazó a la seria e italiana “Tim”?

Por Diario La Primera | 08 ago 2008 |    

“Claro” te ofrece, por ejemplo, cambiarte el teléfono por un precio simbólico. Y entonces vas a “Claro” y presentas el papelucho que la empresa te ha enviado a casa.

Entonces la ventanillera masculla su dialecto y dice:

-Pero el cambio de teléfono viene con cambio de contrato.

-¿Y el cambio de contrato supone más altas tarifas? –preguntas con tu mejor cara de idiota.

-Así es –dice ella con la más dura cara que ha podido aprender.

-¿O sea que me han hecho venir para subirme la tarifa y el anzuelo ha sido este papel? –preguntas sabiendo cuál va a ser la respuesta.

La ventanillera calla pero asiente. Hasta se diría que parece avergonzada.

Entonces sales de esa oficina de chingados con ganas de no saber nada de “Claro” durante un buen tiempo.

-¿Y entonces, por qué está usted en “Claro”? –podrían preguntarme.

Y es que yo fui uno de los raptados de “Claro”. Yo estaba en “Tim”, que era una empresa incapaz de truhanerías, cuando un día llegaron los paisanos de Díaz Ordaz y López Portillo y de todos los ladrones que han pasado por la presidencia de México y dijeron con voz de “estas son las mañanitas que cantaba el rey David”:

-Como que se reventaron mis cuates: ¡hemos comprado “Tim”!

Los italianos no dieron ninguna explicación y se largaron. En ese momento fueron más palermitanos que milaneses y más berlusconianos (por su proceder) que la podrida “Juventus” del malogrado campeonato italiano de fútbol.

Yo, apenas me enteré de que Carlos Slim estaba detrás de “Claro”, quise largarme también a la italiana. No pude hacerlo. Me lo impidió el hecho de que aquí no existiera la llamada “portabilidad” de tu número telefónico (o sea el derecho que en la mayoría de países civilizados se respeta y que consiste en que “tu” número “te” pertenece y te lo puedes llevar a otra empresa).

Soy un rehén de “Claro” porque la “portabilidad numérica” recién estará vigente en este país de falsas rancheras y verídicos falsetes ¡en el 2010! Y es que así son de arrastrados estos gobiernos peruanos cuando de la inversión extranjera se trata. Y así de maleva y mercenaria es esa casa verde llamada Osiptel, local de alterne sito en ese amplio barrio rojo llamado Ministerio de Transportes (el que regenta madame Zavala y al que acuden, a la misma hora de Fujimori y su congresista faldera de turno, los chevalier sans peur et sans reproche).

Pero volviendo al relato banal de esta columna. Te vas de esa oficina de “Claro” con ganas de no saber nada de ellos hasta que te llegue la próxima factura mensual de ciento y veinte dólares, pero lo que no sabes es lo que te espera.

Porque al día siguiente de haber averiguado, en directo y en vivo, qué cosa es “Claro” y qué poco respeta a sus usuarios, la venganza de los del cartel te llena el aparatito de mensajes. Sólo en las últimas horas he recibido vibrantes alarmas que me han remitido a los siguientes mensajes:

Mensaje 1: “Te recordamos que las claves de recarga de tu “Claro” son secretas. Cuida de no revelarlas y no te dejes sorprender por terceros con falsos concursos o premios”. (¿Pero es que estos son libretistas de telenovelas? ¿No saben que no hago recargas ni tengo claves y me importa un carajo todo este asunto?)

Mensaje 2: “Estimado cliente: para ver detalle de llamadas y recibo por Internet suscríbete a www.claroenlinea.com.pe en centros de atención al cliente”. (¿Acaban de ganar un concurso de estúpidos? ¿Y para eso me hacen sonar la alarma? ¿Qué castigo proponen los mermeleros de Osiptel para este spam cautivo?)

Mensaje 3: Repetición exacta del mensaje 2.

Mensaje 4: “Por 35 soles envía CLARO al 2442, acumula puntos y podrás ganar 1 de los 5 autos Gol 0 km. que CLARO te trae”. (¿Esta gavilla de chicanos panchovillanos supone que todos los peruanos somos retardados mentales? ¿No se dan cuenta de que con ese método queda en evidencia cómo es que financian (y con creces) los dos automóviles que dicen regalar?)

Mensaje 5: “Para poder enviar SMS en Roaming, asegúrate de tener configurado el +511997990000 como centro de servicio/ mensajes en el menú de configuración/ ajustes de SMS”. (Si emparentan ese texto con las borracheras de José José, las jaladas de Alejandra Guzmán, las suciedades de Azteca Televisión y los robos monumentales del PRI a lo largo de 70 años, no los culparé).

Mensaje 6: “Aprovecha: si tienes un saldo mínimo de 5 soles marca *779, luego 6 y elige entre ocho opciones de bono para llamadas y mensajes de texto. Tienes hasta el 11/8 para hacerlo”. (Aquí ya está Felipe Calderón en persona, con su cara de ladrón mayor, robándose las cifras del cómputo, negando las del PRD (que de seguro también eran falsas) y lanzando tiros al aire para celebrar su victoria a la bandolera. O sea que estos chimoltrufios de “Claro” hacen aquí en Perú lo que ni en el D.F., capital de todos los tlatelolcos que en el mundo han sido, les estaría permitido).

Todos estos últimos días, puntual como la cagarruta de una cuculí, he recibido un mensaje de mis raptores.

¿Cuántos rehenes de “Claro” tenemos que sufrir su hampa publicitaria, su persecución babosa y sus métodos de Porfirio Díaz?

¿Cuánto le paga “Claro” a Osiptel para que le permitan estos desmanes? ¿Y cómo se arregla con Indecopi, esa otra casa de citas que decretó que Bryce no le había plagiado nada a Morote? ¿Y dónde está mi amigo Yonhy Lescano, que sólo parece tener oídos para los excesos de Telefónica?

A mí me pasa con “Claro” lo que me pasó con el Banco Santander. Yo era un feliz cuentacorrentista del Santander hasta que un día me llegó una carta que decía:

“El Banco Santander se ha ido del Perú. Ahora es usted cliente del Banco de Crédito”.

Los hijos putativísimos del muy epónimo Emilio Botín se largaron una medianoche. Y ahora estoy en las redes del BCP, que debe estar por debajo del Banco Central de Dacca y por encima de cualquier ley o corte judicial del Perú.

Y es que parte del problema de esta economía de mercado que tantas erecciones produce en la UPC y en el mundo de los admiradores de Cheney, es el elenco que la encarna, las entidades que la sostienen y los sistemas regulatorios que deberían de mantenerla lo más limpia posible.

Porque una cosa es estar en manos de una empresa italiana acostumbrada a tratar con ciudadanos y otra es estar en las manos de un cartel telefónico con casa matriz en los bajos fondos de Jalisco. Y una cosa es estar en un banco pulcro y comedido y otra en uno donde se considera un favor imposible entregar un corte anticipado del mes corriente.

Porque una cosa es la economía de mercado y otra el mercado de las coimas y los silencios que este gobierno ha empezado a regar con la mejor orina de búfala de América Latina. Y ustedes serán testigos de qué flores del mal de invernadero vamos a empezar a ver a la vera del camino.

-¿Aló, Indecopi? Quiero formular una queja.

-Estamos ocupados.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista