Civilización o barbarie

Civilización o barbarie es el dilema que el educador Sarmiento señaló para la naciente república argentina.

| 03 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
Civilización o barbarie
Susana hace otra vez de David frente a un Goliat muy poderoso que se ampara en millones de dólares de dudosa procedencia.
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Aunque los puntos en conflicto son otros, civilización o barbarie son también, dos siglos después, los extremos que se enfrentan en el Perú de nuestro tiempo.

El conflicto tiene su centro de batalla en Lima. Pone frente a frente a una clase política rapaz, abusiva y mediocre de un lado y del otro a la gente común y corriente que desea vivir en una ciudad ordenada, eficaz y segura, en la cual los niños puedan ir a la escuela y sus padres al trabajo sin la amenaza de las bestias del transporte o los gánsteres y reducidores de La Parada.

Susana Villarán es la primera persona que, al asumir la alcaldía de la capital del Perú, se ha enfrentado resueltamente a la inseguridad y a la violencia.

Una parte considerable de la ciudad estaba tomada por el hampa. La justicia no llegaba hasta allí. Decenas de cuadras estaban ocupadas por vendedores de repuestos robados. Era normal que si el cliente no encontraba allí la pieza requerida por su automóvil, el “negociante” le pidiera que se regresara por la tarde porque iba hacer el “pedido”.

Ese extenso mercado sin ley se llama La Parada. Para todos llegó a ser algo “normal”, un mal necesario. La acción municipal nunca llegó hasta allí. Pero Susana Villarán sí lo hizo.

En las calles, miles de vehículos hacían carreras y se disputaban la pista para conseguir pasajeros. Por eso, todos los días había heridos o muertos. Contarlos equivale a dar el reporte de la mortandad ocasionada por una guerra.

Hoy esos mafiosos piden la revocatoria de la alcaldesa. Ellos llevan la chaveta. Los organizadores de la campaña electoral contra la alcaldesa son los encargados de llevar el dinero, la mermelada.

Es una pelea en la que Susana hace otra vez de David frente a un Goliat muy poderoso que se ampara en millones de dólares de dudosa procedencia y en una prensa que todos los días alimenta la mentalidad de los más pobres con noticias infames o criminales y traseros en primera plana.

En una comunidad civilizada, los políticos que pierden la elección se abstienen por pudor hasta de hacer declaraciones. En Lima, no. Por un lado, el exalcalde Castañeda parece temer las investigaciones sobre flagrantes delitos cometidos durante su gestión. Está detrás del grupo de “ciudadanos” de turbios antecedentes que empujan la revocatoria.

De otro lado, el expresidente Alan García en concubinaje con el fujimorismo, se halla también detrás de esta campaña.

En García, se trata de un cálculo político. Tiene decenas de acusaciones contra él que vienen desde su primer gobierno, y hay ciertos crímenes -por los que algún día tendrá que responder- que no prescriben.

Teme que una gestión exitosa de Susana Villarán la lleve hacia la presidencia. Por eso, ha ordenado que el partido aprista -facción García, Aurelio Pastor- preste inmediato apoyo a los revocadores y chaveteros.

Calcula mal. En el caso eventual de que Villarán perdiera estas elecciones, el 40 por ciento que las encuestas le adjudican sería suficiente para ganar las presidenciales. Además, habría reunido con ella a todas las tendencias y personas que quieren ver civilizada la capital.

Una inmensa marcha popular del Campo de Marte hasta la plaza San Martín mostró recientemente un apoyo masivo a la alcaldesa. Eso muestra que los periódicos revocadores también calculan mal.

Un periodista tituló recientemente a la próxima elección: “Esperando a los bárbaros”. De eso se trata. El presente es un dilema entre estado de derecho o derecho de chaveta, entre decencia o corrupción, entre civilización y barbarie. ¡No!


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Eduardo González Viaña

Crónica

Colaborador

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