Ciudadanos en armas

A partir de una frase inexacta escuchamos un discurso presidencial que trata de poner en agenda la vieja tesis reaccionaria de las fuerzas armadas “tutelares”, cuando la democracia se sustenta en la soberanía absoluta del poder ciudadano. Platón hablaba de los guardianes dotados naturalmente de valor como defensores de la república ideal. Lo hacía para explicar su noción de la justicia como la comprensión del lugar que a cada cual le correspondía en la comunidad. Los sabios debían reinar, los valientes defenderla y los productores, obedecer.

| 15 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Platón que era pues un gran conservador, pensaba que ese orden ideal era irrealizable aunque halagaba la timocracia espartana, porque el honor militar la cohesionaba. Que estas ideas resurjan bajo una confusión “socrática” nos advierten de que hay un sesgo militarista que no se puede soslayar. Sobre todo cuando se resucitan apotegmas del pasado autoritario como el del “binomio pueblo-fuerza armada” y se ensalza a una dictadura que suprimió el sufragio y las libertades.

Esa concepción del soldado por encima de la Constitución y de las leyes es típicamente oligárquica. Fue el pretexto ideológico que el caudillismo militar usó para auparse en el poder a lo largo de nuestra historia.

De Gamarra a Sánchez Cerro, Odría y Velasco, tuvimos una casta antidemocrática que felizmente no fue la única expresión uniformada. Por el contrario, generales como La Mar, Orbegoso, Castilla, Prado, Cáceres, creían que el único caudillo al que se debía respeto era a la Constitución.

Nuestra primera carta política, la de 1823, dice en su artículo 179 que: “Todo militar no es más que un ciudadano armado en defensa de la República”. Una definición de principios, clara y definitiva, que reconoce el carácter primordial del ciudadano al cual la sociedad le encomienda el monopolio de las armas.

En esa línea el país debía garantizarle nuevamente el voto a los militares, para que puedan ejercer a plenitud su ciudadanía. En las pocas elecciones en las que han podido ejercer el sufragio no ha existido ningún problema, puesto que lo han hecho de acuerdo a los padrones electorales como cualquier otro civil. Nadie ha notado ninguna actitud extraña ni menos que hayan sido “distraídos” de sus funciones. Al contrario, ha servido para que dejen de ser considerados como marginados en el debate de los destinos del país.

Otra cosa muy diferente es que como institución estatal las Fuerzas Armadas no sean deliberantes, esto es no pueden tomar decisiones, por la sencilla razón de que en la estructura constitucional son parte del Poder Ejecutivo y están bajo el comando supremo del presidente de la República.

El voto a los ciudadanos que sirven en las fuerzas armadas es práctica universal. Ojalá que los oscuros consejeros del militarismo fascista y oligárquico sean desoídos y que nuestros militares no rememoren dictaduras sino que se identifiquen con personajes como Ramón Castilla o Miguel Grau, soldados de la ley.


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