Cínicos y envilecidos

Sin ánimo de derramar una sola gota de mala leche, ni mantener el errado criterio de calificar a revocadores y no revocadores como los malos y buenos de la película, pues todo el Perú sabe quiénes están señalados en casos de corrupción y los que están libres de sospecha. Más justo es clasificar en el espectro zoomórfico urbano político en dos especies precisas: cínicos y envilecidos.

| 03 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 688 Lecturas
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A raíz del triunfo de Susana Villarán a la Alcaldía de Lima dentro de una campaña sucia en que Jaime Bayly, como mensajero del mal, destruyó la posibilidad de Lourdes Flores y facilitó la asunción de la actual burgomaestra, vientos de fronda anti sociales comenzaron a azotar los predios edilicios con el protervo fin de destruir al nuevo gobierno.

Primero actuó contra la señora Villarán el verborreico Jaime Salinas, atosigante y gaseoso. Inmediatamente, al destaparse el negociado de Comunicore, podrido asunto donde el exalcalde Luis Castañeda dice no tener arte ni parte, demuestra de ser cierta su excusa, una supina incapacidad como titular del pliego. En defensa franelera surgió la agria voz de la excongresista Fabiola Morales, cuya gestión parlamentaria no significó nada a favor de Piura, violando la prohibición a los empleados públicos de meter las narices en política partidaria.

Después de estos prolegómenos, hace su aparición el inefable Marco Turbio y comienza a plasmarse la conjura revocatoria con la compra de planillones y la campaña llena de epítetos y reparto de comestibles de convencimiento.

A esta vorágine se suman los hechos de La Parada, huelgas de transporte por personajes mafiosos dueños de rutas y sin empresas, desborde del Rímac, peligro de derrumbe del túnel, desarenamiento marino contrastado con recuperación de La Herradura y aumentos tarifarios del Metropolitano.

La mayoría de estos hechos de orden natural o técnico, ajenos a la persona de la alcadesa.

Los medios interesados en la revocatoria llevan a nivel de polémica las palabras de Claudia Danmert y el inventado lavanderismo de las mujeres de San Juan de Lurigancho, ambas sacadas de contexto miserablemente y apoyadas por el alcalde del distrito con más rayas negras que una cebra.

Felizmente, los partidos democráticos no envueltos en velos de corrupción, han decidido sumarse a la lucha por el NO. El APRA busca resucitar otra vez con Alan García, quien olvida que debió ser revocado en su primer período y bien espulgado por el segundo, donde la plata llega sola. Lo secundan: Cabanillas con dos inútiles pasos por el Minedu, Vílchez, Zumaeta, Mulder, Mantilla, Arana y Del Castillo, quienes deberían retirarse por higiene.

Por el fujimorismo dubitativo por cálculo político, se luce Marta Moyano, por dos períodos succionando sin mérito mental la teta fiscal; y Solidaridad Nacional con Luna, Morales y el hijito revocador de Luchino. Faltan Max Barrios y Perlaza.

El Perú no quiere volver a ver nunca más a politiqueros cínicos incapaces y perversos en el área pública.


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