Ciclos de la política peruana

El ciclo largo de la política peruana puede ser marcado entre el 3 de octubre de 1968 y el presente, un arco cercano a los cincuenta años en el que se ha estado jugando la reestructuración del Estado peruano tras la caída de su armazón oligárquica y la emergencia de una gran variedad de nuevos actores sociales interviniendo en el terreno de la política buscando orientar el Estado a favor de sus intereses. Este ciclo atravesó por una dictadura militar en dos fases, una etapa de restauración democrática y juego de partidos, una nueva fase dictatorial cívico militar y un nuevo episodio de democracia modulada por las condiciones establecidas durante el fujimorato que representaron una correlación a favor de los nuevos grupos empresariales y que han permanecido incólumes bajo la segunda restauración del juego de alternancia, esta vez casi sin sistema de partidos.

| 22 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Fujimori fue el intento más profundo por clausurar el ciclo largo (ante lo que habían fracasado Morales Bermúdez y la democracia de los 80), pero si bien cambió la disposición de fuerzas no pudo terminar su labor de reestructuración de lo ya reestructurado, y fue echado de mala manera del poder cuando se proponía seguir indefinidamente al frente del Estado. La transición post fujimorista se inicia entonces en medio de una ambigüedad esencial: quería representar una recuperación de la legitimidad perdida en 1992, pero tenía un miedo patético a poner en riesgo el esquema económico vigente que hacía crecer la economía y de relajar los mecanismos de control social que se construyeron para una fase de alta polarización social y grave amenaza armada sobre el Estado.

El ciclo de la transición es el tramo medio de la historia social peruana en el que todas las fuerzas se reorganizan, muchos se sienten vencedores solo para frustrarse más adelante al ver que las cosas básicamente siguen igual, la democracia se fujimoriza y el fujimorismo pasa de la defensiva y la vergüenza, a la relegitimación que vemos actualmente, cuyo rostro más irónico se aprecia en el cuadro del “chino” que asegura estar pidiendo perdón si algo hizo mal durante su gobierno. Las elecciones del 2011, tienen en esta misma lógica, un significado que suele no ser bien subrayado como acto de censura a todos los partidos y dirigentes de la transición de los 2000: Toledo, Castañeda, PPK y Alan García, derrotados inapelablemente en la primera vuelta cuando cada uno de ellos estaba seguro de llegar a la segunda y terminar ganando la elección.

El ciclo más corto e inmediato comienza con la victoria popular del 5 de junio del 2011, cuando se impone una mayoría electoral por el cambio y contra el regreso del fujimorismo al poder, llevando a la presidencia a Ollanta Humala que lamentablemente se dejó leer en forma totalmente equivocada ese resultado, interpretando que su propuesta de entrada no había convocado a la mayoría y que sus compromisos con el antifujimorismo de centroderecha en segunda vuelta lo obligaban a mantenerse en los límites en los que funcionó la democracia de los 2000, que ya había sido repudiada en las urnas.

El gobierno Humala debía haber sido el terreno de una batalla por cambiar la relación de fuerzas de los 90 y tentar otra salida al ciclo largo de la política, separándose de la transición frustrada. Hoy es un factor de gran frustración y de agudo conflicto social y político, en el que parecen haberse cerrado todas las salidas. Pero, como dicen, la historia es un viejo topo que horada bajo la tierra, hasta que brotan las nuevas realidades.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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