Chiquito gigante

El campeón mundial Alberto “Chiquito” Rossel ha logrado el sábado lo que el gran Mauro Mina soñaba con toda su alma y Maicelo añoraba con todas las fuerzas de sus entrañas.

| 16 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 953 Lecturas
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No es poca cosa que logremos un campeonato mundial de boxeo de la categoría minimosca, porque en este país falta casi todo y siempre anda sediento del agua de los triunfos.

“Chiquito” es un gran vecino de barrio pobre donde antes hubo arena y viento y hoy florece una ciudad que aplaude a un campeón mundial. Es su villa linda para el as y cuna para sus tres hijos. Ah, también viene una hija (Mía) que al nacer se enterará que su papá es campeón mundial.

“Chiquito”, de 49 kilos de peso, tiene el enorme mérito de no rendirse jamás ante cualquier cosa que suene a adversidad. Ha esperado con paciencia y dedicación para, después de días incontables, recibir su cinturón de campeón mundial.

Merece los Laureles Deportivos en el Estadio Nacional porque es un verdadero ejemplo de tesón y trabajo en un país donde el deporte que no sea fútbol es casi siempre la décima rueda del coche.

Pasó hambre, frío y sufrió la indiferencia de sus paisanos, pero no se rindió porque supo desde niño que todo esfuerzo siempre da buenos resultados.

En la calle, sin su uniforme característico para golpear en el ring, pasa por un ciudadano cualquiera. Es el peruano común que ha tocado el cielo con el guante de su esfuerzo.

En los Juegos Olímpicos, Atlanta 96 (Estados Unidos), no tuvo mayor brillo; pero se notaba ya que nadie lo iba a frenar hasta que llegara a ser campeón.

Volvió después de un tiempo a casa del Tío Sam. En aquellas épocas trabajaba en fábricas o restaurantes, y algunos de sus compañeros de labores se reían cuando “Chiquito” decía que iba ser campeón mundial de boxeo.


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