China, los derechos humanos estorban

El tema de la democracia en nuestro tiempo no es sólo un hecho nacional, ni sólo global, es cada vez más un fenómeno regional. El caso de China, el país más poblado del planeta cuyos índices de producción deslumbran y también asustan a los más “occidentales y modernos” empresarios capitalistas, está en el ojo del huracán de nuestro tiempo.

Por Diario La Primera | 17 jul 2008 |    

Lo que no pudo hacer la China de Mao en el siglo veinte, lo está consiguiendo la China de Hu Jintao en el siglo veintiuno, a la cabeza de un sistema político autoritario de raíz comunista, combinado con economía de mercado y con políticas liberales controladas, que negocia de tú a tú con las potencias imperiales y de usted a tú con el tercer mundo.

Gran parte de las derechas occidentales son complacientes hasta la adicción con el liberalismo chino que restringe los derechos humanos porque, dicen, sería carísimo respetarle a 1,320 millones de chinos sus derechos humanos, pagarles salarios decentes, o darles educación, salud, porque pondrían en riesgo el “progreso” del país asiático.

No se pueden negar los importantes avances económicos en China ni tampoco ocultar que varios millones de sus trabajadores viven en la pobreza, lo que les permite los altos índices de crecimiento. La diferencia entre chinos y peruanos es que allá el Estado no es políticamente liberal mientras que acá es tan liberal que permite que se lleven la ganancia a sus casas, verbigracia: la gran minería.

Pan Wei, ideólogo conservador formado en Berkeley, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Pekín, cree que la democracia no es condición para el progreso de China sino que es un desafío propio de occidente.

Los gobernantes chinos oponen a la democracia de occidente su modelo de prosperidad sin libertad basado en su gigantesco poder económico y comercial, que ha logrado intimidar a los dirigentes de las grandes democracias que amenazaron con no asistir a la inauguración de los juegos olímpicos de Pekín y en pocas semanas desistieron de la bravata. ¿Realismo o fanfarronería?

Crecimiento anual de 9%, en un inmenso territorio, con mil trescientos millones de personas de población y se tiene un PBI por habitante de 2,969 dólares por año (FMI), parecido al peruano, hay algo que no camina y que sólo un gobierno duro garantiza como sustento de sus ambiciones de hegemonía política mundial. Su medalla de oro no es olímpica en deportes sino en ese lacerante 80% de las ejecuciones mundiales por pena de muerte (Asociación Ensemble contre la peine de mort 2008).

¿Riqueza económica con pobreza democrática es la receta de la derecha para el siglo XXI?


    Carlos Urrutia

    Carlos Urrutia

    Opinión

    Columnista