¿Chavismo maduro?

Apenas terminado el funeral de Hugo Chávez el gobierno se apresuró a convocar a elecciones generales en un mes. Tal celeridad va con la ratificación de Nicolás Maduro como presidente encargado y para aprovechar todas las ventajas del poder político y militar, lo nombran de inmediato candidato oficialista.

| 14 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 866 Lecturas
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El apuro quiere aprovechar la angustia de media Venezuela ante la pérdida del caudillo paternalista, que cubría las necesidades de los pobres con el asistencialismo y el clientelismo más extendidos del continente. De paso evitan que las denuncias sobre la corrupción del régimen salgan a luz, mientras asfixian la libertad de prensa.

El chavismo deja una sociedad polarizada y una economía sofocada por la demagogia. La gasolina se vende a menos de un sol el galón cuando un kilo de tomates cuesta más de treinta soles. La profundización del modelo extractivista lleva a que prácticamente se importe todo: alimentos, textiles, bienes en general. El manejo de la enorme renta petrolera que combina la multiplicación del precio del petróleo con la devaluación del bolívar, hace que el régimen se auto engañe disponiendo de miles de millones para sus políticas de asistencia social.

Podríamos decir que el comandante tenía buen corazón y le gustaba ayudar a los pobres. Lo que no puede afirmarse es que dicha política tenga bases sólidas. Es justo distribuir la riqueza pero no al costo de un manejo artificial que tarde o temprano les pasará una gigantesca factura, con procesos de inflación y devaluación que los devolverá a la pobreza. Más aún cuando regala petróleo a economías precarias que dependen absolutamente de la ayuda externa, pues desde hace siglos sobreviven estancadas en el molde primario exportador como las del ALBA.

Lo más sorprendente es que el avance conseguido en la reducción de la pobreza es superado en período semejante por países como el Perú y Uruguay, con economías bastante más consistentes que el caótico manejo “bolivariano”. La consecuencia del desorden es la delincuencia generalizada, la falta de empleo y la imparable corrupción. Cuatro millones de venezolanos viven fuera empujados por la crisis.

El chavismo descansa sobre el viejo esquema del militarismo latinoamericano. Todo el poder concentrado en el presidente iluminado como un semidiós, que apoya su legitimidad en una masa que depende de sus favores.

Chávez ha retomado la tradición reaccionaria del gobierno de los hombres por encima del de las leyes, empeñado en convertir a los ciudadanos en masa. Su verbo histriónico y el uso indiscriminado de la renta petrolera, lo llevó a proponer una política que sus áulicos creen antiimperialista pero se basa en grandes negocios con los Estados Unidos y en sus extrañas alianzas con el oscurantismo iraní y las obsoletas dictaduras de Libia y Siria.

Tarde o temprano su familia tendrá que explicar cuentas de cientos de millones de dólares y las miles de hectáreas acumuladas en el ejercicio omnímodo del poder.


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