Chang y la política del miedo

Si la comunicación, el diálogo y la argumentación que busca compartir razones son componentes esenciales de la educación genuina, esos elementos no han sido precisamente característicos de la gestión de José Antonio Chang Escobedo en el Ministerio de Educación (tampoco parecen haberlo sido en su acceso al rectorado de la USMP o a la condición de propietario de esa universidad). El proceder impositivo marcó su gestión desde los inicios.

Por Diario La Primera | 28 set 2010 |    

La suerte, sin embargo, no parece haberle sido esquiva. Instalado al mando del sector educativo encontró, por una parte, sobradas evidencias del deterioro de la calidad académica en la Educación Básica (fenómeno de larga data que evaluaciones desarrolladas por la gestión ministerial de Nicolás Lynch habían puesto en evidencia), así como del desgaste y deslegitimación de la lógica corporativa con que el SUTEP se acostumbró a definir su agenda, subordinando el tema de la calidad educativa a intereses de orden estrechamente economicista.

En ese contexto, no le fue difícil convertir al SUTEP, como ocurre hasta hoy, en chivo expiatorio del deterioro de la Educación Básica (ocultando la grave responsabilidad de los sucesivos gobiernos, que mantuvieron abandonada la educación), y golpearlo, dada su probada incapacidad de poner en primer plano el tema de la calidad, que pasaba, entre otras cosas, por asumir una perspectiva meritocrática y la necesidad de evaluaciones rigurosas.

Desde entonces, el SUTEP pasó a engrosar un conveniente bestiario, construido por el proyecto privatista para esgrimirlo como referente de un discurso político que apela al miedo. Ciertamente los dirigentes de ese gremio son también responsables de que ello haya ocurrido. Chang Escobedo no hizo sino beneficiarse de aquel pasivo. Pero si atendemos a su gestión en el Ministerio de Educación por el lado propositivo, hay también sobradas evidencias de que deja más brumas que claridad, y problemas latentes que logros positivos.

Más allá del manejo de temas como el de la compra de laptops para escolares, o de las donaciones hechas por educadores mexicanos tras el terremoto de Pisco, que muestran no sólo una pésima gestión sino síntomas de corrupción, las medidas que se juzga como logros de su gestión, como la evaluación y capacitación de docentes, tampoco aparecen como tales tras un elemental examen de su consistencia y alcances (algo diremos de ello en próxima columna). Siendo absolutamente necesarias (tanto así que el Proyecto Educativo Nacional y la Ley de Carrera Pública Magisterial ya lo habían establecido como mandato), el desarrollo y alcance de aquellas medidas fue severamente afectado por el proceder taimado y autoritario de nuestro personaje. Ahora que inicia, con el mismo estilo, otra función ministerial enfrentando graves conflictos sociales, como los del Cusco (que difícilmente se podrá demonizar y golpear como hizo con el SUTEP), conviene no perderlo de vista.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista