Carlos Roca y Alan García

Los que han visto a un Carlos Roca parando en seco la maquinaria alanista que ya había dispuesto retirar su candidatura sin consultarle y sin opinión de las bases, deben haber sufrido una extraordinaria sorpresa. Era algo que no pensaban ver: un dirigente nacional señalando que el presidente puede designar a los ministros, pero a los candidatos los eligen las bases y por tanto no hay dedo que pueda desplazarlos. Acabáramos.

Por Diario La Primera | 28 jul 2010 |    

Roca se convirtió hace poco más de un mes en el candidato de sacrificio del Apra, que necesitaba alguien que sacara la cara en Lima, sin que hubiera quien se atreva a ponerse al frente, salvo el ex diputado que casi no había figurado durante el actual régimen (fue embajador en Italia, desembarcado para poner efímeramente a Rey, que se preparaba para volver al cargo de ministro). La candidatura metropolitana del Apra carecía de todo atractivo, porque no tenía nada que ofrecer. En medio de la polarización que los medios y las encuestadoras nos impusieron desde el arranque del proceso, Roca no tenía ningún destino.

Ahora se puede decir que después de su gesto de decirle No a Alan García, Roca ha subrayado una autonomía que lo distingue en un escenario anodino. No es posible saber si eso significará votos nuevos, pero la imagen del candidato ha mejorado notablemente. Casi de inmediato entra la pregunta: ¿por qué Carlos Roca no ha sido convocado para ministro u otro cargo de importancia en el gobierno actual?

La respuesta es obvia. Roca no olvida que fue una especie de jefe político del pendenciero García en épocas de Universidad y un igual del actual presidente en la Constituyente de 1978 y el Parlamento 1980-1985. Esto hace que sea más difícil subordinarlo. García ha demostrado hasta la saciedad que prefiere a los Velásquez Quesquén, Cornejo, Zumaeta y otros mediocres a su lado. Al propio Del Castillo, le cortó las alas cuando trató de volar con combustible propio. Los otros “históricos”, como Cabanillas, Gonzales Posada, Alva, se han aplicado para mostrarse como matriarcas o patriarcas que no disputan el poder ni la conducción aprista.

Wilber Bendezú resultó un fiasco, que no pudo ir más allá de su bronca particular con Mulder, para terminar de primer tambor del alanismo. Quesada y los cuarentones son parte de la medianía, con el agregado de sus vínculos con Mantilla.

Roca, por su parte, había evitado enfrentarse, como quien espera su hora. Tampoco lanzaba cornetas a Palacio. Todo esto lo ha llevado hasta la candidatura municipal de Lima, la cual probablemente no haya sido nunca su aspiración política. Pero tiene ahora un puesto, del que podía haber sido despejado como se reubica un mueble, en el que sin embargo resistió. ¿Podrá seguir haciéndolo? No tenemos la bola de cristal para saberlo. Pero lo que es ostensible es que el Apra ha conseguido tener un candidato para Lima que no es plenamente controlado por García.

Es un síntoma de un nuevo escenario. Para el presidente el Apra era como una cuenta de ahorros de su propiedad con la que podía hacer lo que fuera y en todo caso hacer apuestas a caballos que fueran propios, sabiendo que en Alfonso Ugarte siempre le darían la razón. Calculando el 2011, una derrota demasiado fuerte en las municipales, era un punto en contra para una negociación posterior. Por eso vino eso de retirar al candidato aún antes de pelear. Ahora se abrió una brecha y habrá que ver qué hacen para cerrarla.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista