Capaces e incapaces

“No es peyorativo ni insultativo, no tiene nada que ver con las cualidades morales. Puede haber un ingeniero muy incapaz y muy correcto moralmente. Eso no tiene nada que ver”

Luis Enrique Tord Romero
Conferencia de Prensa de Solidaridad Nacional

| 14 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 970 Lecturas
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El señor que suscribe las palabras anteriores fue nada menos que el último jefe del Instituto Nacional de Cultura de la época de Fujimori y parece guiarse muy claramente por la fórmula de que la capacidad o incapacidad nada tiene que ver con cualidades morales.

Supongo que para aceptar un cargo de un gobierno al que le brotaban vladivideos, cuentas secretas y otras evidencias de corrupción en grado avanzado uno tiene que sentirse muy capaz de no sentir reparos en la conciencia.

Y para intentar convertirse en la voz ilustrada de personas como Marco Turbio, Vidal, Vílchez, Juárez, Barragán, Mulder, Burgos, etc., a los que ha tratado de civilizar arguyendo que cuando dicen incapaz a Susana no le están faltando el respeto, hay que tener una tremenda incorrección moral, de esas que se adquieren como regidor de Castañeda y candidato parlamentario fallido el 2011.

El relativismo moral de Tord Romero impresiona porque separa brutalmente la capacidad técnica para un cargo de la honestidad y limpieza para el ejercicio del poder. Aparentemente el problema del Perú es de administradores capaces y al diablo con las correcciones morales.

Uno puede discutir de “capacidad” mirando las obras viales de Castañeda y el caos del transporte en Lima, porque el señor se negó a encarar la reforma del sistema y no quiso hacer frente a las mafias que ganan el desorden. O la habilidad del tipo que evadió el traslado de La Parada para evitarse problemas. También si se puede discutir la vocación popular de cada gestión de acuerdo al número de escaleras, que son esa especie de pistas para los pobres.

Pero, ¿qué es un hombre que permanece mudo ante graves acusaciones de corrupción, mientras mueve relaciones con fiscales y jueces para no ser acusado, sin haber aclarado sus responsabilidades, e impulsa a sus peones para que le devuelvan la municipalidad en donde cree quedará totalmente blindado?

¿Pueden compararse las capacidades de gestión abstrayéndolas de la moralidad de las gestiones? ¿No es acaso el primer paso de la buena gestión pública el que limpiemos de una vez por todas los reductos de corrupción que están instalados en el Estado?

El señor Tord parece pensar que eso es asunto de incapaces. En cambio, usar el poder para llenarse de dinero y dejar muchas placas con su nombre, esa es la capacidad de los inescrupulosos.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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