Camino a la infamia

La historia demuestra que el camino hacia la infamia es muy variado. Hay, por ejemplo, vías rápidas (tal el caso de los hechos de sangre), trenes bala (la violación de menores) o pasos lentos pero seguros hacia la infamia (el hecho de militar en un partido de estirpe racista, por ejemplo).

Por Diario La Primera | 14 ago 2008 |    

Ahora bien, hay individuos que no necesitan dirigirse a la infamia porque ellos mismos son la infamia en estado inmobiliario. Estas sucursales vivientes de la infamia tienen, más bien, la prerrogativa de fiarla y concederla a quienes así lo quieran. Son páginas sueltas de la historia universal de la infamia.

Un infame puro, por ejemplo, es el periodista español Federico Jiménez Losantos, dos veces condenado por la blandengue judicatura española por haber calumniado, difamado e injuriado a un periodista respetable y a una autoridad en el gobierno de Madrid.

Lo increíble es que este sujeto, convertido en vertedero oral, trabaja para la radio COPE, que pertenece al Episcopado Español. O sea que la Iglesia que dice ser la embajada de los países altos tiene de vocero a un individuo que es, con todos los méritos del caso, semejante a aquel que Vargas Llosa llama en “La fiesta del Chivo”, refiriéndose a un distinguible Henry Chirinos, “una inmundicia viviente”.

O sea que la embajada de los países altos emplea los bajos fondos para satanizar, mentir y enlodar.

Cómo será de pestífero este señor que hasta el presidente del Partido Popular, heredero del franquismo tecnocrático, ha tenido que tomar distancia y, por supuesto, ha recibido también los insultos que la COPE ventosea cada mañana en sus tertulias de arsénico y encaje antiguo.

Para que los peruanos tengan una idea de quién es Jiménez Losantos –maoísta en su juventud- habría que decirles que es una mezcla de Eudocio Ravines con Esparza Zañartu, un mixto caliente de Luis A. Flores y Julio de la Piedra, un combo de reaccionario esquizofrénico y fascista cerebrovascularmente accidentado.

¿A qué viene todo esto? ¿Por qué podría ser de interés para nosotros el señor Jiménez Losantos?

Pues porque hace pocos días el señor Jaime Bayly lo entrevistó en Miami. Y Bayly, que aquí se queda en Tongo y en Gisela (porque ese es nuestro mercado televisivo actual), allá en Miami juega a la política y apuesta fuerte.

Claro que juega y apuesta a lo ludópata por la gusanera, por la Little Havana y el Miami Vice, por la bazofia del exilio y el bushismo en español. Así que por eso será que entrevista a Jiménez Losantos como si Jiménez Losantos fuera un dios mediático, un padre repentino, un oráculo salido del Valle de los Caídos.

Es decir que entrevista a Jiménez Losantos como si éste fuera una autoridad en política internacional. Y lo hace coincidiendo con su entrevistado en todo, homenajeando a su entrevistado con sus aplausos, su festejo, su anuencia. O sea que no lo entrevista sino que se entrega a sus brazos con la pasión que aquí dedica a la farándula y a su cruzada en contra de Laura Bozzo.

¿Y qué dice Jiménez Losantos en esa entrevista que está circulando por la red?

Dice, entre otras cosas, que por algo será que a Barack Obama lo dejaron sus padres cuando era pequeño (“fueron los primeros que no votaron por él”); que la esposa de Barack Obama “es una arpía y una negra profesional”; que el rey Juan Carlos cometió una indignidad al reunirse otra vez con Hugo Chávez; que les desea una enfermedad inhabilitante a Fidel Castro, Hugo Chávez, Rafael Correa y Daniel Ortega; que Estados Unidos tendría que invadir Cuba de una vez para que Fidel Castro sea ejecutado “en la horca, la silla eléctrica o algo más humillante”; que Hugo Chávez es un gorila y Evo Morales es, más bien, un chimpancé; y que fue una lástima que el golpe de Estado contra Chávez fracasase porque esa era una buena ocasión para que el presidente de Venezuela “fuese ejecutado”.

Y mientras decía esto, el señor Bayly aplaudía, festejaba, reía. Y la gusanera de la platea aplaudía, festejaba, reía.

Y yo decía mentalmente viendo el espectáculo de Bayly: “¡Pero este hombre salió del clóset para encerrarse en los servicios higiénicos!”.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista