¿Camino a la generación eléctrica con diesel?

Una semana atrás recibí invitación de un programa radial para conversar sobre el precio del diesel 2. Sentían que en el Perú, cuando aumenta el precio del petróleo, sus derivados incrementan de precio instantáneamente; mientras, cuando el precio del petróleo disminuye, la respuesta es remolona e insuficiente; es decir, la “Ley del Embudo”.

| 28 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Las cifras indican que hoy el galón de diesel 2 se vende al público S/. 4.80 más caro que en julio de 2001; que el incremento por mayor precio del petróleo es S/. 0.80 por galón y por los demás componentes es S/. 4.00 por galón (de julio 2001 a enero 2009 subió de S/. 3.70 a S/. 7.70), incluido lo que se paga como devolución al fondo de estabilización de precios. Nunca fue el petróleo la componente más significativa del precio que paga el consumidor final; y actualmente es menos del 30%; es decir, actualmente, el componente “otros” es más del 70% de lo que paga el consumidor final.

En los años 80s y 90s inició su adicción al diesel, guiado por precios cuya componente tributaria deformaba la señal económica. La vocación por el diesel nació en el sector transporte; un motor diesel es más eficiente que un gasolinero y rinde mayor número de km-TM por galón . El transporte pesado utiliza motores diesel. El costo del transporte de bienes (como los alimentos) y personas (transporte público) se traslada a los precios y a la inflación. Por eso los impuestos son cautos para el diesel (miran la inflación) pero sin miramientos para la gasolina (el vehículo particular). Ante esas señales, el transporte – largamente el mayor sector consumidor de combustibles líquidos – se inclinó cada vez más por el diesel. Hasta que llegó Camisea.

Con Camisea, destinado a desplazar gasolinas y sobre todo al diesel en el transporte, todo indicaba que deberíamos apartarnos del consumo del diesel, quien ya había sido desplazado por el gas en la generación eléctrica. Sin embargo, la obstinación de exportar el gas, violando abiertamente la preferencia otorgada por ley al mercado interno y resucitando el lema “Camisea como sea”, ha llevado a que se niegue gas a varios proyectos de generación eléctrica, que ahora necesitarán diesel.

El Camisea original quiso ahuyentar al fantasma del diesel en la generación eléctrica y acudió hasta a cerrar el paso a las hidroeléctricas, para que el gas viviese. El Camisea actual conjura a ese fantasma, ante la pasividad de un Estado crédulo, último creyente del mercado solucionador de todo , tras el cual elude su responsabilidad. La crisis económica internacional acarrea una desconfianza que se traducirá en nuevas y mayores exigencias para financiamiento, con lo que las hidroeléctricas se dificultan más que antes. El “Henry Hub”, indicador de los precios del gas en Norteamérica ha vuelto a valores del 2002, US$ 4.50/MMBTU. Su exportación a México está basada en el “Henry Hub”, más descuentos. Restándole el costo asignado por el exportador (“netback”), su valor en Boca de Pozo, podría llegar al orden de US$ 0.50-MMBTU, que es casi regalarlo.

Si la situación actual no varía mucho al 2011 – año de elecciones – salvo algún milagro, nos encontraríamos en un escenario que: (i) no tenemos suficiente gas para generación eléctrica; (ii) nuestra industria paga US$ 2.50/MMBTU por el gas; (iii) exportamos gas a US$ 0.50/MMBTU para que México genere electricidad; (iv) sustituimos la carencia de gas con diesel 2, importado, pagando por él US$ 17/MMBTU. En suma: los consumidores eléctricos peruanos subsidiaremos la exportación de gas, para que ésta no pierda su negocio.

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Carlos Herrera Descalzi

Opinión

Columnista