Cambiando de tema

Creí, hace un mes, poder poner a un lado el tema de mi enfermedad para dedicarme a lo que siempre he hecho que es opinar sobre la política y la economía, le moleste a quien le moleste cada una de mis apreciaciones. Pero todas estas semanas que median desde mi operación (10 de agosto) han sido un ir y venir para saber lo que me toca hacer de aquí para adelante. Se imaginarán lo que es plantearse los nuevos retos de mi salud cuando todavía no puedo enderezarme del todo por la amplitud de la herida que llevo en el cuerpo y tener que barajar la posibilidad de una intensa quimioterapia y nueva operación para acabar con lo queda del mal aún dentro mío.

| 14 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.3k Lecturas
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Leía en estos días que la asociación entre el cáncer y el cangrejo viene de la peculiaridad de esta enfermedad de no quedarse en un solo sitio, como ocurre con las demás. Si no detenemos su marcha irá paso a paso invadiéndonos hasta derrotarnos. También aprendí que el prefijo onco, proviene del griego y se refiere a la bolsa que encierra a los tumores. Finalmente supe que fue del extraordinario esfuerzo por encontrar la manera de enfrentar a la leucemia que se llegó al descubrimiento de la quimioterapia. Hasta entonces se combatía la enfermedad de las células con cirugía de la parte afectada, lo más extensa para evitar propagaciones, y radioterapia que buscaba quemar el tumor, pero cuando el daño estaba en la sangre era imposible operar y focalizar para quemar.

La historia de la lucha contra el cáncer es como la de los hombres por transformar el mundo y hacerlo más justo, marcada por fracasos y muchas veces por experimentos que resultaron inicialmente más dañinos que la propia enfermedad. Pero los médicos que se empeñaron en sobreponerse a las dificultades, fueron precisamente aquellos que no se conformaron con que les dijeran que mejor era ayudar a una muerte tranquila de los pacientes a los que se creía que no se podía sanar. Hoy el porcentaje de curación de la enfermedad que por mucho tiempo se declaró incurable, es cada día más alto.

Todavía es una gran lucha la que permite vencerlo. Yo estoy en mi segunda batalla contra el cangrejo maldito. Pero noto que la gente que me rodea y más aún muchos que apenas me conocen por lo que escribo siguen creyendo en mí como si alguien que ha tenido la fortaleza de seguir escribiendo antes y después de una gran operación, ya no pudiese retroceder en su empeño de sanarse. Así que aquí me tienen en las vísperas de iniciar un proceso de quimioterapia para eliminar lo que me queda de enfermedad después de haber perdido el riñón y otras partes de mi cuerpo en la primera parte de esta cruenta batalla por mi salud.

Cuento esto porque ayer no pude escribir como lo hago cada día por una larga preparación para ser analizado por una máquina de protones que mañana dará un informe sobre las zonas que aún me quedan por curar y hoy al sentarme ante la laptop sentí una cierta indiferencia hacia los temas de la coyuntura que a veces tanto me apasionan y me pregunté si no tenía otras urgencias de las que hablar. Y ahí salió esta columna. Ustedes disculparán.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista