Burocracia enemiga del progreso

Es impresionante como importantes sectores del aparato estatal incumplen el deber de servir al desarrollo nacional y especialmente a la promoción y las necesarias facilidades que debe darse a las inversiones y los emprendimientos, sean nacionales o extranjeros –no debe haber privilegios- que arriesgan por el progreso del país y generan empleo que el Perú tanto necesita.

| 24 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
1089

La reflexión viene al caso ante los lamentables obstáculos que personal burocrático de la Aduana pone a quienes realizan operaciones de comercio exterior indispensables para echar a andar empresas a fin de crear riqueza y fuentes de trabajo.

Esas barreras se expresan muchas veces en controles y exigencias con una rigidez burocrática absolutamente irreflexiva, como en el caso de una empresa de capitales nacionales cuyos problemas motivan estas líneas y que ha tenido que sortear durante largos meses una verdadera maraña de objeciones con interminables requisitos que conocen bien quienes se lanzan a la aventura de hacer empresa; lo que supone una pérdida de tiempo y, por tanto, de dinero que, indudablemente, desalienta al inversionista.

Tras todas esas peripecias, que por razones de espacio no podemos detallar, la compañía ha importado el producto que va a introducir en el mercado peruano, para lo cual utilizará una importante fuerza de ventas, o sea que dará ocupación a cientos de personas. Ello significa que está ya culminando la fase previa al lanzamiento.

Justo en ese clave momento, la operación ha sido paralizada por un lamentable error burocrático, absolutamente subsanable con sentido común, lucidez y una dosis de buena voluntad, sin afectar en lo más mínimo al fisco.

Aunque parezca una broma de antología, a la empresa le exigen que, en vez de corregir el error en la misma Aduana, como es factible hacerlo rápidamente, reembarque a otro país el producto, haga la corrección y lo vuelva a enviar al Perú. De Ripley. Y sería para carcajearse, si no fuera por la gravedad de los comportamientos burocráticos, inflexibles hasta la exasperación y cuyos devastadores efectos podrían ser comparables con el daño que causa un ataque terrorista.

Por cierto, no enfrentan actitudes así de implacables los grandes contrabandistas que burlan al fisco en masa, penetrando nuestro territorio, sobre todo desde Bolivia, a veces en enormes caravanas de trailers que nada ni nadie puede detener.

Y no sería mala idea que los burócratas aduaneros de los que hablamos en esta columna sean enviados a Yunguyo o Desaguadero, a la frontera con Bolivia, para que pongan su rigidez al servicio de la lucha contra el contrabando -que sí merece medidas estrictas y terminantes-, en lugar de que sigan ensañándose con quienes prefieren andar el camino de la ley y el orden.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | |


...