Buena voz regular los taxis para mejorar el tráfico

Todas las ciudades del mundo regulan el sistema de taxis. Los taxis atienden necesidades importantes: yo mismo, que me encuentro con una pierna fracturada sin poder apoyarla, dependo hoy de los taxis para moverme por Lima. Pero sin darnos cuenta, de a poquito en poquito, un exceso de taxis también trae efectos negativos, tanto para el interés público como, paradójicamente, para ellos mismos. Es lo que los economistas llamamos externalidades.

| 13 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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La externalidad negativa más obvia del exceso de taxis es la contaminación de la ciudad. Los taxis dan vueltas y vueltas vacíos, consumiendo combustible y emitiendo gases. La contaminación del aire en Lima, según un estimado del Banco Mundial del año 2005, provoca enfermedades respiratorias y cardiovasculares que producen cada año 2,765 muertes y pérdidas económicas de 1,200 millones de soles. Evidentemente, esos taxis viejos y destartalados que todavía son comunes, son los más contaminantes.

Otro problema es que los taxis vacíos, buscando pasajeros y deteniéndose en las esquinas cuando la luz está verde, hacen mucho más lento el tráfico. Hace unos diez años, este efecto no era importante, porque no había tantos carros en Lima y las avenidas no estaban tan llenas. Pero hoy el exceso de taxis hace que todos viajemos en combi, en bus o en carro, vayamos más lento y perdamos tiempo, ánimo y calidad de vida.

Pero hay otro efecto negativo del exceso de taxis y este se produce sobre ellos mismos. Al haber demasiados taxis sin regulación, estos tienen que circular vacíos, gastando combustible sin obtener ingresos.

Personalmente, estoy gratamente sorprendido por una compañía de taxis a la que se puede llamar por celular y le mandan un taxi adonde usted esté en 10 minutos. Sus taxis no andan circulando por la ciudad llenando las calles, agravando el tráfico y contaminando; cuando no tienen pasajero, se detienen a esperar que los llamen. La empresa funciona con un sistema computarizado y georreferenciado (basado en GPS) de tal manera que los taxis van al cliente que esté más cerca.

Estamos en el siglo XXI. No podemos seguir llenos de taxis informales y contaminantes como nos dejó Castañeda. Como en cualquier ciudad del mundo, los taxis limeños deben estar registrados y regulados. A algunos taxistas no les gusta y quieren seguir sin pagar sus multas y circulando con carros viejos muy contaminantes. Pero eso no es lo que queremos los limeños.

Mejorar el sistema de taxis de Lima seguramente impone obligaciones a taxistas que no son, sin duda, personas ricas o acomodadas. La enorme desigualdad del ingreso y la falta de empleo que produce el actual modelo económico, hace que los efectos sociales de la reforma del transporte que Lima necesita, se sientan más. Pero no podemos seguir esperando. La Municipalidad de Lima hace bien en NO detenerse en las reformas que la ciudad necesita. Los ministerios de Transportes y de Ttrabajo debieran poner el hombro en este esfuerzo apoyando el chatarreo y la reconversión laboral.


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Pedro Francke

Opinión