Buena memoria

Muy preocupada por la salud de su padre, Lucía llamó al celular de su hermano Mateo y le gritó:

—“¡Te estoy esperando!”.

| 29 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 965 Lecturas
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—¿Me estás esperando, dónde me estás esperando?

—En el lugar donde quedamos, en el Centro Cívico. Apúrate –le dijo enojada y cortó abruptamente el celular.

Mateo trató de comunicarse con su hermana por su extraña llamada, pero el celular de ella estaba apagado. Fue al Centro Cívico, donde se había encontrado con ella hace dos días para hablar sobre la forma de curar la rara enfermedad de su padre. Cuando llegó al lugar indicado, Lucía estaba sentada en el lugar de siempre, sumamente enojada.

—Llegas tarde. Te dije que no te demoraras.

—Estás muy rara. ¿Puedes decirme qué te sucede?

—Te dije que tenía que decirte algo importante y tú llegas tarde como si no te importara la salud de papá.

Esteban entonces la miró a los ojos y con el ceño fruncido se sentó a escucharla, pero antes dijo: “Ya, habla, ¿qué es lo que tienes que decirme ahora?”.

“Esteban, sabes que papá está muy enfermo y necesita un tratamiento especial. He usado todos mis ahorros para comprar los pasajes y cubrir su tratamiento en España. No te lo dije antes para que no te opusieras. Lo que pasa es que este viernes debo llevarlo ya, aquí están los pasajes. Tú sabes que la memoria de papá no está bien, que se olvida casi automáticamente de lo que hace. Los médicos aquí no saben qué es lo que tiene. No es el mal del Alzheimer, por eso lo estoy llevando a España, allá sí lo pueden curar, al menos eso me han dicho”

—Basta. Ya cállate, Lucía.

—Me callas porque a ti no te interesa papá; pero igual me lo voy a llevar. Además no es tu dinero.

—Cállate, te dije.

—No me calles.

—Bueno, escucha. Quiero hacerte una pregunta. ¿Papá recuerda las cosas que ha hecho hace apenas dos días?

—No, no recuerda

—Lucía, tú me mostraste los pasajes y me dijiste todo lo que me acabas de contar exactamente hace dos días y en este mismo lugar.

Lucía no supo qué hacer. Su rostro se desdibujó. Estuvo a punto de llorar y dijo una frase solo para defenderse: “Qué extraño que lo recuerdes. Te lo repetía porque tú sueles olvidar las cosas”.


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