Bravatas con consecuencias

La anterior vez que a Ollanta Humala se le ocurrió mostrar el músculo creyendo que podía intimidar a Cajamarca y manejar las relaciones con las mineras por su exclusiva cuenta, fue cuando dijo que “Conga va, y no acepto ultimátums de nadie”, con lo que desató un enfrentamiento que lleva casi diez meses en Cajamarca, donde la población a la que le dijo de candidato que el agua era antes que el oro y que defendería sus lagunas, dejó de creerle y se inventó “Conga no va” para desafiarlo.

| 05 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores |2.3k Lecturas
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La segunda bravata se produjo en la víspera de los enfrentamientos en Celendín, cuando Humala volvió a aparecer como quien se siente que ya fue demasiado blando para lo que corresponde a su cargo, con solo andar apaleando y gaseando cajamarquinos, lo que se resumió en una nueva frase de zanjamiento: “aténganse a las consecuencias”.

Las consecuencias, ya se sabe, han sido tres muertos por bala, una veintena de heridos y numerosos detenidos que ahora se quieren llevar a Chiclayo, con el nuevo sistema de jueces a la carta creado por el señor San Martín.

Ayer mismo siguió la vaina y la policía empezó a detener a personas en la ciudad de Cajamarca, incluido el padre Arana al que golpearon en el suelo, a pesar de que allí no había habido disturbios pero que, por arte de la magia gubernamental, también quedó incluida en la emergencia al igual de Hualgayoc. La arbitrariedad del poder ya está, en estos días, sobre estándares montesinistas y solo le falta el ingrediente de grupos encubiertos al servicio del gobierno.

La versión de los acontecimientos del martes, presentados por la prensa como una especie de lucha entre dos grupos armados, donde los civiles mueren por bala y los policías y soldados quedan heridos en las piernas por tiradores con mala puntería (el gran Otárola dijo que si habían usado armas de fuego era porque venían a matar), se cayó de cabeza con los informes médicos que indican que las lesiones de los uniformados se produjeron por el lanzamiento de objetos contundentes (piedras).

Pero la pregunta es: ¿quién organizó esta mentira que los medios amplificaron para que no se subrayara la nueva suma de muertos de este gobierno en los 8 meses del gabinete Valdés?

Todo indica que los operativos para enfrentar los crecientes conflictos sociales siguen una secuencia preestablecida que desde la inacción a la represión, de ahí a la amenaza y luego a una violencia mortal que cada vez parece más deliberada y que lo que busca es aterrorizar a la gente e imponer el estado de emergencia. Esto ya lo hemos visto tantas veces que resulta una marca de fábrica del premier Valdés, que está muy cerca de ingresar a la lista internacional de serial-killers con quince muertos en su cosecha, casi dos por cada mes en el premierato.

Pero lo que preocupa aquí es Ollanta Humala y la soberbia increíble de advertirles a los cajamarquinos sobre las consecuencias de sus protestas. La amenaza está planteada: yo tengo la Policía y el Ejército, y los puedo usar contra el que me salga al frente.

Pero será que no se da cuenta que el drama que está viviendo el Perú, y por el que muere gente y se hunde su gobierno, es el de sus propios actos electorales contradichos desde el poder, que tienen que tener también consecuencias, sobre todo si con el voto del pueblo se armó un gobierno que ahora dispara contra el pueblo.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista