Bolivia y el Perú

Nuestro más ferviente saludo a los demócratas bolivianos que están demostrando en la práctica que un presidente indio elegido por el 54% de los votos y ratificado con el 68%, sigue siendo indio y no debe ser acatado. Y que una minoría debajo del 30% puede dividir al país, sabotear la economía, tomar locales y matar.

Por Diario La Primera | 14 set 2008 |    

Ojo, las reglas de Bolivia no rigen aquÑ Aquí haber ganado la primera vuelta y recibido el 48% de los votos en la segunda, no da derecho a hablar, ni a criticar, ni a ser tomado en cuenta. Cualquier intento en contrario, obedece a resentimientos o a propósitos violentistas. Los gobiernos regionales que en el Perú buscan mayor autonomía, son locos y antidemocráticos. Las huelgas que afectan la economía merecen ser rotas a balazos. A los de Moquegua, Madre de Dios y la selva, les ha faltado unos cuantos tiros para que no frieguen, etc. Y los maestros, médicos y otros que protestan deben estar presos.

Pero los terratenientes de la media luna que reparten armas entre matones contratados, los violentos que se ceban en las personas de color oscuro porque los consideran indios, cubanos o venezolanos; los bárbaros que levantan banderas con svásticas son demócratas, que no aceptan que el país se suicide, como casi le pasa al Perú en el 2006, y que, de haber pasado lo que tanto se temía, seguramente la reacción sería la misma.

O sea Costas, Quiroga, Manfred, García, Aldo M, Del Castillo creen que lo que falla en la democracia es la demografía, porque los indios se reproducen más y por tanto hacen una mayoría electarada de la que salen Evo, Chávez y Humala, y eso no se puede tolerar. Y piensan que racismo es querer reivindicar los derechos de los eternamente excluidos, cuando estábamos tan bien. Esa es la esencia del problema. Piensan también que sólo el capital transnacional hará caminar a nuestros países. Así que, cuando aparece un presidente humilde que no tiene temor de ponerle la mano a las petroleras, gaseras y a la embajada de Estados Unidos, y el Estado recauda más y Bolivia empieza a ser más soberana, es el momento de pararlo. Y si lo ratifican en un revocatorio (que en el Perú sería pura subversión), entonces hay que echarlo. Como en Chile, en defensa de la democracia.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista