Bicameralidad

Los que hablan mucho y descontroladamente, por más bien que se expresan, al final terminan diciendo incoherencias o, peor aún, simples tonterías. Hay otros que no hablan porque temen decir cosas que no desean y equivocarse. Buscar el equilibrio de esos dos extremos indeseables, es la fórmula para convertirse en un buen orador.

| 22 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Y es necesario reconocer que para ser un buen político hay que tener dominio de escena y disponer del verbo correcto para usarlo con tino y habilidad, en el momento oportuno. Y esas dotes y virtudes no son moneda frecuente entre los políticos de nuestros días.

Por eso es que hoy en día, salvo algunas excepciones, en el Congreso no existe la polémica de primer nivel que demostraron políticos de la talla de Fernando Belaunde, Víctor Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez y tantos diputados y senadores que dieron brillo a la confrontación de posiciones en el Hemiciclo parlamentario, hace ya un buen tiempo.

Es que si no se tienen las ideas claras, la capacidad de exposición y de síntesis y el lenguaje apropiado, ¿cómo se puede sustentar leyes necesarias de manera tal que haya una debida comprensión de lo expuesto?.

En ese contexto, en el que esa capacidad no existe en el actual Congreso, termina resultando pertinente y necesario que el Ejecutivo envíe proyectos de ley que permitan ayudar al país para establecer los fundamentos necesarios para el desarrollo del país; pero ello conlleva la necesidad de un análisis y un debate que tengan el nivel necesario.

La situación nos lleva a la conclusión de que es necesaria la bicameralidad, que volvamos a un sistema parlamentario en el que existan senadores y diputados; cada uno con su misión y sus tareas específicas; un sistema en el que el Senado, con miembros elegidos en distrito nacional, revisen los proyectos y le den al tratamiento de las leyes el ingrediente de reflexión alturada, que estará garantizado por la jerarquía de sus integrantes.

El cambio debe hacerse, ciertamente, cuidando que no signifique en modo alguno dispendio o gasto excesivo de recursos que el Estado tanto necesita para el desarrollo y la atención de los programas sociales.

Hay quienes irreflexivamente sostienen que restablecer el Senado incrementará desproporcionadamente el número de parlamentarios, sin tener en cuenta que hay países con menos población que el Perú que tienen más legisladores; y que el problema de nuestro Poder Legislativo no es de cantidad, sino de calidad, esa calidad que le dará el régimen bicameral.

Es necesario decidirnos por el cambio, entre otras cosas para salvar un poder del Estado que, por sus limitaciones –y también por los excesos irreflexivos de algunos medios de comunicación- se hunde cada vez más en el desprestigio, como hemos podido ver en las últimas semanas.

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