Bayly, tal como es (final)

Si la televisión transfiguró a Magaly en un cajero automático perfecto para los dueños del canal; el efecto en Bayly es menor: es un cuarto poder de mandil; y por ello los Vargas Llosa le chotean de taquito.

Por Diario La Primera | 17 ene 2009 |    

Junto a Jaime, Mario y su hijo, Álvaro, fueron un trío pensante compacto hasta el gobierno de Toledo. La campaña del ‘tío extinguible’ para dejar sin piso al ‘cholo sagrado’ (caso Zaraí) representó un resquebrajamiento para el autor de “Lituma en los Andes”, quien apoyaba el gobierno democrático que llegaba después de una dictadura corrupta. El caso Z levantaba el morbo y los medios disfrutaban como marranos. Álvaro, siendo asesor de Toledo, se bajó del coche. Se puso del otro bando. Mario acusó a Bayly de “chismoso e intrigante” -por la decisión del hijo. Jaime acaba de escribir que MVLL perdió las elecciones frente a Fujimori por “arrogante, malhumorado e intelectualmente vanidoso”- pinchazo al que le abrió las puertas de la prestigiosa editorial Seix Barral. Y de España-. A este tiempo, los Vargas Llosa han comprendido que la cercanía a Bayly puede distorsionar el accionar político intelectual de cualquiera de sus dos plumas. JB anda frágil por el cambio incansable de una sociedad peruana joven cada vez más indiferente a su opinión de etiquetas. Él ansía el titular hispanoamericano, olvidándose de la verdad rebelde. Las ideas políticas las deja de lado, inmiscuyendo las relaciones interpersonales; su alpinchismo y vanidad desaparecen en él las graves coyunturales. Esta vez, fue cobarde con ‘Vivi’, convirtiéndose en francotirador machista –su acusación es sesgada de género ¿Por qué tiene que tener siempre la culpa la mujer?-. He ahí su alta fidelidad con Magaly Medina: la versión hipócrita limeña en bumerán de show. Su frustración, de naturaleza sexual, lanza su cabeza al abismo de la insensatez televisada.

    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

    Malas palabras

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