¿Por qué Barack Obama?

Hay que agradecer el esfuerzo de George W. Bush por conducir a Estados Unidos al desastre en dos mandatos, porque así ha abierto la posibilidad de un profundo y necesario cambio en su país. Esto ha permitido que una nueva generación política, encabezada por Barack Obama, esté en las puertas de la Casa Blanca para los próximos cuatro años.

Por Diario La Primera | 24 jul 2008 |    

La campaña de Obama ha logrado integrar a los afroamericanos y los mestizos, los jóvenes, los migrantes y es un nuevo rostro que no tiene otra alternativa que su lema “Cambio” como identidad, y que representa el reencuentro pluricultural que constituyó los Estados Unidos de América después del siglo XVIII, cuya verdadera fuerza ha sido su mestizaje.

Su candidatura nació en 2004 en la convención demócrata de Boston con un mensaje que trascendía las razas, los géneros, los partidos, y daba importancia a un mestizaje más político que racial. Hijo de un africano de Kenia y de una norteamericana de Kansas, atraía negros, blancos, hispanos, ricos y pobres.

Gigantescos intereses se mueven en estas elecciones, en un país adicto al petróleo, a las guerras y los gastos militares, a las fortunas malgastadas en la lucha contra el narcotráfico, al reflotamiento de bancos y empresas transnacionales quebradas, con muy buenas comisiones, por cierto; en este contexto, es claro que Obama no tendrá carta blanca de los poderosos vinculados al gobierno de Bush y a la guerra de Irak, ni de los conservadores y proteccionistas que luchan por reducir la inversión social ni, por cierto, de los que se enriquecen con el alza global del precio de los alimentos.

Los grandes retos de gobernar el país que le deja Bush son, en primer lugar, superar el trauma del 11 de septiembre 2001, que destruyó la “seguridad natural” que creían merecer los estadounidenses. Pero también recuperar las raíces perdidas del país pionero en materia de derechos civiles y políticos, ahogado en las nuevas políticas antiterroristas de George W. Bush en clara violación a tratados internacionales de DDHH; también dejar de mirar el mundo como un tablero de negocios que acerca EEUU a China deslumbrado por sus altos niveles de crecimiento y buena disposición a hacer negocios sin cuestionar su autoritarismo o la agresión a la soberanía del Tibet, y mejorar las relaciones con países árabes sin buscar someterlos, ni crear ejes del mal; igualmente tener una nueva mirada hacia los gobiernos de izquierda sudamericanos que quieren terminar con la tradicional sumisión política y económica al arbitrario vecino del norte.

Obama tiene bastante que hacer y el mundo espera mucho de este cambio, porque continuar con el desastre americano podría pavimentar el camino a otra guerra mundial que nadie quiere.


    Carlos Urrutia

    Carlos Urrutia

    Opinión

    Columnista