Bajo el signo del 5 de abril 1992

No me referiré a los hechos conocidos por los cuales Fujimori, Montesinos y Hermoza se apoderaron del Estado e hicieron lo que quisieron con el país en los siguientes años. Tampoco voy a hablar de lo bueno que es vivir en democracia, eligiendo cada cierto tiempo a los gobernantes, frente al golpe de Estado que es la anulación de la voluntad popular y su reemplazo por la del dictador.

| 06 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 901 Lecturas
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Voy a otro punto: muchos hacen ascos a la prepotencia con la que se cerró el Congreso y se sometió a la clase política, así como a la entronización de poderes clandestinos que manejaban las instituciones y los medios de prensa, y a la extrema corrupción, pero a pesar de todo ellos siguen dudando de si ese no fue un modo bastardo pero efectivo de empezar a ser un país diferente.

A cada paso se puede oír personas que dicen que de todos modos Fujimori acabó con la hiperinflación, nos metió en la corriente de inversiones globales y nos salvó del terrorismo. No estoy hablando de ese fujimorismo impenitente de los pobres que todavía creen en eso del autoritarismo populista y que perdonan la maldad y el robo siempre y cuando los recuerden en las políticas sociales.

Hay personas que piensan que de los 90 y de su punto culminante el 5 de abril hay que abstraer a Montesinos y sus videos, y bajar el tono al admitir muchos abusos. Pero hay que quedarse con la Constitución, la privatización, la tecnocracia, la dureza represiva y la impunidad ante los delitos contra los derechos humanos. Son los cinco grandes temas a los que se aferra el fujimorismo sin Fujimori que ha persistido en el país 12 años después de la fuga del japonés y cuatro tras su severa condena.

La Carta de 1993, no solo salió de un golpe sino de una mayoría social que ya no existe. Que los partidos que votaron No en el tramposo plebiscito para aprobarla, y luego capitularan por conveniencia, no altera la naturaleza espuria del documento que simboliza la naturaleza de nuestras actuales instituciones.

La privatización, a su vez, encarna el saqueo del patrimonio nacional, cosa que algunos liberales convenidos quieren ignorar por anteojeras ideológicas. La tecnocracia por otra parte es el núcleo duro de la economía de los 90 que ha llegado hasta el 2013 y ha copado todos los gobiernos por más de 20 años.

El principio de que los problemas del orden público y social se resuelven convirtiendo a la policía y las Fuerzas Armadas en guachimanes del gran capital y represores de las demandas sociales y ambientales, así como la incapacidad para reducir el odio, la polarización y el encubrimiento de los crímenes con mano del Estado son también un legado del 5 de abril, del que alguna vez podremos liberarnos.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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