Autoridad moral

¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que un sector de la población se arrogue una autoridad moral superior a la del resto de peruanos? ¿Hasta cuándo los que no estamos de acuerdo con ellos tendremos que aguantar calificativos e insultos? Así no se construyen instituciones ni se fortalece la democracia, ambas necesarias para lograr cruzar el umbral del desarrollo.

El ciudadano nunca tiene la razón

María Cecilia Villegas

Correo 25.03.13

| 27 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 873 Lecturas
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La señora que suscribe el párrafo anterior, como es obvio, votó por el Sí. Pero más que eso parece estar convencida que cuando se plantean temas de eficiencia o, digamos, capacidad o incapacidad, no vale hablar de asuntos morales. En este país distinguir las conductas de los dirigentes en función a la honestidad y la corrupción es inaceptable e insultante, cuando los que así piensan a la vez aseguran que lo de vaga, ociosa y pituca no lo es.

Pero por qué se afectan tanto la señora Villegas, Aldo M y Marco Tulio cuando les recuerdan que en su campo había temas morales por los cuales responder. Cabe una sola respuesta: porque saben que cargar con el fujimorismo, el alanismo y el castañedismo, es una alforja bien pesada como se vio en las elecciones del 2010 y 2011 y durante la revocatoria.

¿Hasta cuándo vamos a aguantar?, se pregunta Villegas, lo que es casi como decir por qué no dejamos atrás los vladivideos, los petroaudios y Comunicore, nos olvidamos de eso y volvemos a lo de que Fujimori derrotó el terrorismo, García atrajo inversiones y Castañeda construyó más escaleras.

El problema por supuesto no es que se mencione la corrupción cada vez que asoman ciertos actores, sino que el Perú no ha cerrado cuentas con los peores desbandes de sus últimos gobiernos.

Y hay todavía personas como la tal Villegas que creen que para construir instituciones y fortalecer la democracia hay que sacar la moralidad de las disputas electorales. Quiérase o no, el campo del Sí ha llevado en su seno la famosa filosofía del “roba pero hace obra”, con sus complementos “¿y quién no roba?”, o “si van a robar que dejen algo para el pueblo”.

En la batalla entre el Sí y el No, todos terminaron acusándose de corruptos, mentirosos y groseros. Pero la mayoría entendió a quién le correspondían esos calificativos.

Eso es lo que le molesta a Villegas, no que la hayan ofendido personalmente porque nadie se ocupó de ella, sino porque en el reconocimiento de los adversarios las imágenes que quedaron plantadas fueron de una gestión insatisfactoria que debía corregir, versus una movida oportunista y corrupta para volver al municipio y recuperar el control de la Caja Pública.

No fue un invento mediático, sino una mirada que ya está consolidada entre la gente.

Sabiendo eso, Villegas escogió su campo. Que no se queje.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista