Aumentar el salario mínimo

El objeto de la economía es crear trabajo y generar bienestar en las familias. El crecimiento no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para mejorar la calidad de vida de la población. El crecimiento no es sinónimo de desarrollo, aunque no hay desarrollo sin crecimiento. Tampoco asegura por sí mismo la equidad social ni una distribución menos desigual del ingreso. Mal orientado puede ampliar las desigualdades y las fracturas sociales.

| 02 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 752 Lecturas
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El mayor ingreso de las empresas y el Estado debe traducirse en un incremento periódico de los salarios de los trabajadores privados y públicos. Ello es el sustento de la cohesión social que legitima la democracia. La estabilidad social y política del país, requisito indispensable para la inversión y la mejora de la competitividad de las empresas, es excluyente con la extrema desigualdad en la distribución del ingreso.

El incremento de los salarios en función del aumento del ingreso de las empresas, de la rentabilidad del trabajo y del índice de la inflación, es un instrumento básico y elemental de la cohesión social y del ciclo reproductivo de la riqueza. Y, en el contexto de la crisis económica mundial, un razonable mecanismo para incrementar la demanda del consumo interno.

No obstante que los efectos de la crisis han sido mucho mayores en el resto de la región que en el Perú e independientemente de la orientación de las políticas económicas, la gran mayoría de los países han incrementado el salario mínimo. Entre el 2008 y el 2009 y con porcentajes que van del 30% a por lo menos un aumento equivalente al índice inflacionario, el salario mínimo se ha aumentado en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela. La excepción es el Perú, no obstante ser uno de los pocos países de la región cuya economía crecerá el 2009, independientemente que lo haga sólo alrededor del uno por ciento, muy por debajo del 5.5 de las previsiones del gobierno.

El salario mínimo real de los trabajadores y trabajadoras peruanas, medido en términos del poder adquisitivo (PPA), según el Centro de Estudios de Nueva Economía, es actualmente inferior al de Argentina, Honduras, Paraguay, Costa Rica, Panamá, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Venezuela. Ese bajo nivel salarial se agrava si se considera la baja calidad y la cobertura relativa de las prestaciones sociales en el país.

Es indispensable aumentar el salario mínimo, pero esta no debe ser una decisión aislada y arbitraria del gobierno, sino el resultado de una política de concertación tripartita entre el Estado, la CGTP, las demás centrales sindicales y las organizaciones gremiales empresariales.

La concertación tripartita debería, además, institucionalizarse en un Consejo Salarial Nacional, responsable del diálogo, la concertación y el ajuste periódico de los salarios mínimos. La responsabilidad social de la empresa tiene en la política salarial uno de sus ejes fundamentales y el trabajo decente, como lo ha señalado de manera reiterada la OIT, es un componente imprescindible del desarrollo, de la democracia y de la inclusión social. Finalmente, no es justo ni ético, ni políticamente razonable que con el crecimiento solo aumenten los ingresos de quienes más tienen.


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Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión

Columnista