¿Atrapados sin salida?

Es obvio que la actual situación internacional es compleja. En otra oportunidad se ha comentado sobre los problemas estructurales y detonantes de la crisis económica en las diferentes regiones del mundo. El problema actual de Europa se asocia a los altos niveles de endeudamiento que compromete a bancos y a países. En Japón confluye la crisis reciente con el estancamiento secular observado desde los años noventa. Los problemas estructurales de la economía norteamericana se retroalimentan con la falta de confianza de los consumidores e inversionistas. Las respuestas de la economía estándar no son suficientes para sacarnos de este atolladero.

| 30 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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La salida ortodoxa para Europa conduce a más problemas. Se trataría de reducir los niveles de gasto público o reorientarlos a cumplir con los compromisos de deuda. El resultado consistiría en una reducción de los ingresos de la población, la demanda y el nivel de actividad económica. Quizás ante este panorama se podrían reducir las tasas de interés, generando algún crecimiento parcial de la inversión. La ruta de la depreciación del euro es un camino que tampoco promovería mayores exportaciones, ante las presiones simultáneas de depreciación del dólar americano. La desintegración de la Unión Europea, con el abandono del euro por parte de algunos países y la consiguiente destrucción de activos y pasivos podrían dar algunas luces para salir del túnel. Sin embargo, sería un retroceso geopolítico, es muy riesgosa y requiere de todas formas defender la integridad de los ahorros de las familias.

La situación norteamericana es embrollada. La política fiscal y monetaria anticíclica están en sus límites. Se requiere más gasto público, pero económica y políticamente ello parece inviable. Menos gasto público o la alternativa liberal de reducir impuestos nos conducen a la recesión. Más austeridad debilitaría los fundamentos de la confianza de consumidores e inversionistas.

La desaceleración de la economía mundial debería ser enfrentada de manera radical. Ya hay poco espacio para las respuestas convencionales. Es imprescindible realizar una conferencia internacional, como la de Bretton Woods en 1944, para reordenar, en lo que se pueda, la economía internacional. Ahora los actores son más numerosos. En esta conferencia habría que priorizar la necesidad de mejorar la distribución del ingreso, un cambio científico y tecnológico incluyente, la creación de empleo de calidad y realizar una reingeniería del sistema financiero para que este sea un apoyo a la producción. El reajuste implicará costos que no deberán trasladarse a los segmentos mayoritarios de la población.




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Germán Alarco Tosoni

Opinión

Profesor Universidad del Pacífico