Atención

“Atención pido al silencio / y silencio a la atención, / que voy en esta ocasión, /si me ayuda la memoria, /a mostrarles que a mi historia / le faltaba lo mejor.”

| 16 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 823 Lecturas
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Versos del Martín Fierro del escritor argentino José Hernández que usaré para desde lo pastoril de la poesía pasar a hablar de la vorágine comunicacional que aleja o hace cada vez más difícil el que prestemos atención, el que podamos concentrarnos.

Ni silencio ni atención. Estamos viviendo una época de mucho ruido y de muchas formas de ruido. Como bien sabemos el ruido distorsiona el mensaje entre emisor y receptor y por tanto se hace necesario, de parte nuestra cada vez, de un mayor esfuerzo para entender lo que se nos quiere transmitir. Cada día aumenta más nuestra impaciencia: cambiamos de estación en la televisión, dejamos de ver una película apenas comenzada, cerramos para siempre un libro, o no soportamos el estar sentados escuchando a algún expositor, cada día más rápido, cada día menos tolerancia, a los pocos segundos o a los pocos minutos ya queremos estar haciendo otra cosa o estar en otro lugar.

Los espacios son múltiples, ya sea en el salón de clase, en una conferencia, en ocasión de una atención en cualquier punto de venta o servicio, en fin, en cualquier intercambio comunicativo, concentrarnos para entender lo que se nos dice requiere de nosotros cada vez de un esfuerzo mayor. O suena nuestro celular o el de los demás, o llegan ruidos desde cualquier lugar y ensucian el mensaje. Es necesario repetir y levantar la voz, repetir y esforzar el oído, a cada momento más y más esfuerzo para asegurar que estamos entendiendo o que nos estamos dejando entender.

Algún futurólogo podrá decirnos que es época de cambios y que los humanos nos encaminamos a alguna forma de mutación que hará innecesario el lenguaje entre nosotros ya que nos podremos comunicar por algo parecido a la ósmosis. Si así fuera esto demoraría muchos años ¿y en el ínterin qué hacemos? Bueno, ni época de cambios ni nada. El asunto es bastante más simple, se trata de aumentar la dosis de interés en nuestros iguales, en los otros, en nuestros semejantes. Respetar al otro nos mantendrá más dispuestos a atenderlo y por tanto a entender lo que nos quiere decir.

El respeto por el otro pasa por atenderlo, que es en sí el ejercicio de atención. Pasa por dejar de hacer cualquier actividad que no esté relacionada con el acto comunicativo de escuchar. Pasa también porque hagamos un ejercicio de síntesis para expresarnos, es decir, que procuremos ser más claros, más precisos, más directos, más concisos, más concretos y también por aumentar nuestra capacidad de escucha, de concentración, dejando de lado, por ejemplo y para empezar, los celulares (apagado y no en vibrador) y liberando la mente de todo pensamiento que no esté relacionado con lo que nos están diciendo. Quizás nunca más vuelva el ambiente pastoril de Martín Fierro pero en nuestras manos está el hacer de este mundo de tecnologías un mejor lugar para vivir.

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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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