Asesinatos sociales

El asesinato de Walter Oyarce Domínguez, no es cualquier asesinato, ha remecido los cimientos de la sociedad. No está preparada para recibirlo. En otros asesinatos, sean de cualquier tipo, la justicia abrirá un proceso que develará el contexto aislado que produjo el crimen, los nombres de quienes lo cometieron y las penas a las que serán condenados.

| 02 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 809 Lecturas
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En el caso de Walter el contexto no es aislado ni aislable, compromete a un sector importante de la sociedad en el que los asesinos del Monumental son resultado más que causa.

El armado de este contexto letal tiene fecha: comienza en la década de los 80. Ha convertido al fútbol en una cultura de guerra y un conflicto bélico. La trasmutación ha sido radical, antes de esa década los aficionados eran hinchas no barras bravas, el estadio un campo deportivo, no un territorio en disputa. El partido, una fiesta y no una batalla. El triunfo y el gol se celebraban con gritos y abrazos y no gestos obscenos. Los aficionados concurrían libres sin carnet ni tatuaje, ahora asisten organizados en tribus armadas, protegidas por una estructura partidaria que comienza en el club al que adscriben.

La química que transformó al aficionado en guerrero imbécil en gran medida es mediática, aunque sobre una base de inconformidad y frustración social. Recordemos que un canal de señal abierta propaló una serie en la que el personaje principal era el jefe de una barra brava. Ojalá que ahora ningún libretista ni productor esté preparando una protagonizada, por ejemplo, por el jefe de los Malditos de Castilla del Callao. ¿Alguien duda que los personajes arquetípicos que muestra la TV no influyen?

A los jóvenes sin protagonismo ni futuro no les importa qué papel representar en la vida, con tal de aparecer en ella. Recuerdo que, cuanto más informó y documentó la TV sobre las pandillas, más se dedicaron éstas a sus combates nocturnos en los que, seguramente algunos terminaron en la posta, pero muchos durmieron satisfechos pensando cómo iban a alardear al día siguiente.

Estas consideraciones me llevan a sugerir al Presidente de la Corte Suprema y al Fiscal de la Nación que dispongan un megajuicio para esclarecer integralmente el asesinato de Wálter. El dinero de los contribuyentes no podría estar mejor empleado. Los juicios normales no bastan para hacer justicia y menos para sanar a la sociedad. Ocurre que las prescripciones del proceso judicial tienden al secretismo, a la economía de medios, a la objetividad inmediata del hecho penal, consideraciones pertinentes en crímenes - no tengo la palabra- digamos ordinarios, pero no en este, donde además de responsables directos, está implicada un sector de la sociedad. En un mega juicio, además de los acusados, podrían declarar en calidad de testigos o asesores dirigentes deportivos, periodistas, jugadores, sociólogos, psicólogos. Creo que de esta manera, la muerte de Wálter, ciertamente que inconsolable para su familia, será recordada con valor.


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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto