Asalto a la Cultura

La decisión del gobierno de clausurar la Casa de la Literatura, es una penosa manifestación del peso de la ignorancia en nuestra vida política.

| 08 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 787 Lecturas
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La estrechez de miras y el costo beneficio inmediato, los lleva a poner fin a uno de los espacios más relevantes que se han generado en los últimos años. Este recinto en poco tiempo ha recibido dos millones de visitas, ha dado cabida a medio millar de conferencias, exposiciones y debates. Permite que todos aquellos interesados en la literatura, y sobre todo a los jóvenes, expresarse con toda libertad.

Recordemos que durante el gobierno de Alan García se creó el Ministerio de Cultura, cuya sede es otro magnífico centro cultural, el Museo de la Nación, inaugurado también en su primer periodo. En el quinquenio pasado la gente asistía a ferias del libro en el patio de Palacio. Sus grandes salones alojaban presentaciones y uno encontraba a connotados autores en la exposición de sus obras, puerta de por medio con el despacho de un presidente al que habitualmente criticaban.

La cultura de la libertad y la libertad de la cultura, son el mejor síntoma de una sociedad sana. La creación artística y la crítica resultan claves para medir la vitalidad de un pueblo. Resulta inaceptable que en un medio donde se hace dinero desde poderosos medios con la ignorancia y la frivolidad, se quiera acabar con este espacio para la expresión y la creatividad.

No es solamente este anunciado desalojo de la literatura por sombríos burócratas lo que nos alerta. Un grupo oscurantista logró en Miraflores el despido del curador del Municipio. El pretexto, típico de los retrógrados, es que la muestra de la artista Cristina Planas, “ofendía sus sentimientos religiosos”.

No se han enterado de que vivimos en democracia, que el Estado es laico y que la censura en todas sus formas fue abolida desde la Constitución de 1979. Estos grupos que viven en el espíritu teocrático de la Colonia, se sienten en la obligación de que los demás sigamos su forma de pensar. No entienden que vivimos en una república de ciudadanos y que nos regimos por principios constitucionales.

Estos herederos de la Edad Media repudian la pluralidad y así ponen en riesgo la convivencia democrática. Desconocen la libertad de conciencia y la opción religiosa como una decisión autónoma del individuo. Creen que su propia elección es obligatoria para los demás, con lo que demuestran su vocación totalitaria.

Es impresionante que de pronto nos demos cuenta que algo exactamente igual a las fetuas de los ayatolas o de los talibanes prohibiendo la libertad de expresión, lo tengamos a la vuelta de la esquina. Estos fanáticos salen a cazar brujas con la misma obsesión con que lo habrían hecho en tiempos de la Inquisición.

Cerrar la Casa de la Literatura o someterse a los intolerantes, responde a un mismo comportamiento político al que le interesa poco la cultura y la libertad.


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