Apu San Cosme

Las turbas que atacan a la policía para impedir el cierre del mercado mayorista de La Parada y que se lanzaron luego al saqueo del complejo comercial de Gamarra, no son para nada un fenómeno nuevo en la política nacional.

| 01 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 653 Lecturas
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Su presencia es una constante en los últimos años aunque siempre mal interpretada. La caracterización más certera de estos sectores marginales de la sociedad, la dio Karl Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde en 1851 describió magistralmente a quienes vivían en los márgenes de la sociedad. Desclasados, eran organizados en sociedades secretas por el régimen de Bonaparte para conseguir una base de maniobra que le permitiese negociar con burgueses y proletarios.

La marginalidad acompaña al capitalismo desde sus orígenes. Es el resultado de la inevitable desigualdad que genera el mercado. Si no se advierten mecanismos de prevención y control social, puede convertirse en una amenaza para la sociedad. En el continente tenemos manifestaciones extremas como el narcotráfico mexicano, la violencia de las favelas brasileñas y las maras en Centro América.

Si bien el Perú ha venido creciendo de manera sostenida en los últimos años, las políticas de distribución social de la riqueza están aún muy atrasadas. Según el último informe del INEI sobre el empleo en Lima Metropolitana, la población en edad de trabajar asciende a 6 millones 982 mil 200 personas. De esta cantidad, 4 millones 872 mil, el 69,1% es considerada como económicamente activa (PEA). Un tercio queda fuera de la actividad económica.

Este gran grupo de más de dos millones de personas, incluye a las amas de casa y a los discapacitados, pero también a los que se ubican como estudiantes. Una visión general de la PEA señala que de cada 100 personas, 93 tienen trabajo. El problema aparece cuando descubrimos que apenas un poco más de la mitad (54%) tiene empleo adecuado. 46% son subempleados y de este gran grupo, casi la tercera parte no cubre la canasta mínima.

Aquí está la base social que conforma el lumpen limeño. Decenas de miles de personas que no producen ningún bien o que si tienen algún ingreso, no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas. El dato aterrador es que buena parte de esa población es menor de 25 años.

Si la situación se deja al libre juego de la oferta y la demanda, puede agravarse, pues existe también una lumpemburguesía que se enriquece en el capitalismo salvaje. Los comerciantes de La Parada forjaron durante años uno de los sectores más notorios del capitalismo precario, más cercano al del siglo XIX que a las modernas formas de organización. Reacios a compartir sus ingentes ingresos con la sociedad mediante la tributación, crearon una enredada trama de servicios usando al lumpen en su beneficio.

Si algo hay que agradecerle al grupo político que lidera el municipio limeño, es que su filiación ideológica nos ha librado de justificaciones penosas sobre los originarios descendiendo del Apu San Cosme, en defensa de sus fuentes ancestrales de vida.


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