Aparece el neo senderismo

Después de la captura de Abimael Guzmán y su capitulación en la prisión (octubre de 1993) se constituyeron dos fracciones senderistas; los llamados “acuerdistas”, que siguiendo al liderazgo del “presidente Gonzalo” consideraban que la guerra popular en el Perú había concluido y que la voz de orden ahora era luchar por la amnistía general de sus presos y ligarse al movimiento popular en las nuevas condiciones.

Por Diario La Primera | 27 jun 2011 |    
Sus opositores, desconociendo el liderazgo de Guzmán, constituyeron la fracción “proseguir” (de continuar con la lucha armada). Hasta acá la historia, para los jóvenes de hoy.

En los últimos años, por la repercusión de las acciones armadas de los llamados “rezagos senderistas” tanto en el VRAE como en el Alto Huallaga - donde conviven con el narcotráfico- los medios, partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y hasta el Estado no han tomado en cuenta el devenir de los grupos que apoyaron la táctica del acuerdo de paz. Se les ha subestimado estratégicamente por el hecho de no continuar con su “guerra popular”.

Los adherentes al Movadef (movimiento por la amnistía de Guzmán y defensa de los derechos fundamentales), dirigido por los abogados Fajardo y Crespo, y del profesor Esquivel, constituyen el núcleo ideológico, político y organizativo que alimenta el renacer del cuestionamiento al actual régimen político con métodos extremistas (no la lucha armada). Son una minoría activa que a partir de reivindicaciones concretas de las masas, aprovechan su descontento para ganar liderazgo e inducir el desborde de la legalidad; y que han pasado caleta los últimos años.

Se han dotado pacientemente de una doble estructura, abierta para el trabajo legal y electoral, y cerrada para el trabajo de masas y adoctrinamiento de cuadros. Y están avanzando en ambos campos, aunque su logro mayor lo vienen consiguiendo en el segundo. Son duchos en participar en todo tipo de asambleas y reuniones de organizaciones populares. Ya sea de los profesores en provincias, o una reunión de algún Frente de Defensa del Pueblo del interior o de los estudiantes en una universidad de la sierra. Ya Guzmán había señalado que para esta etapa había necesidad de volver al trabajo de masas “ya que nuestro fuerte siempre ha sido la ideología y la política”.

Con un sistema de partidos, alejados de las organizaciones populares, preocupados solo en las elecciones y el clientelismo, nadie se preocupa de combatirlos ideológica y políticamente. Hasta se considera que es una pérdida de tiempo concederles un ingenuo si no zonzo reconocimiento que correría a favor de su propagandización. Y se les sigue dejando el campo libre, creyendo equivocadamente que es responsabilidad del Estado controlarlos con sus aparatos de seguridad. Craso error.

Así, viene surgiendo un neo senderismo en donde la guerra popular “con sangre” se ha convertido -en sus palabras- en una guerra popular “sin sangre”. Claro que se refieren a la de ellos, no a la de los pobladores aimaras o de los estudiantes huancavelicanos. Aprovechan el desinterés del Estado ante los reclamos legítimos de los pobladores y la desidia y falta de lealtad con la democracia de la clase política, la vieja y la nueva.

¡Ojo! Que viene naciendo el extremismo de izquierda ¿Se acuerdan eso de “inducir al genocidio” durante su lucha armada? Trasladen eso a la política y ya entenderá de lo que se trata, y lo que le espera al nuevo gobierno. Y que no pocos, en sus fueros íntimos, festejan.


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista