Apagón en Huamanga

A las nueve de la noche, Huamanga es una ciudad apacible, de luces tranquilas, como suspendida en el lugar preciso en medio de los Andes. No hay apuro para nada y para nadie, y los peatones parecen todos felices y actúan como turistas de paso.

Por Diario La Primera | 23 agosto 2012 |  834 
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Estela es una de ellas y ha llegado a la ciudad en busca de paz, en busca de aire fresco, harta de su ciudad natal que se ha rendido ante el caos y el desorden. Estela está sentada en una las banquitas de madera en el centro de la plaza y, después de darle de comer a las palomas, se pierde en una de las calles adyacentes. En una iglesia antiquísima, de 300 años de antigüedad, todavía abierta a esa hora, velan a un muerto de muchos amigos y ella se acerca para ver qué pasa. Ocurre que los amigos del muerto siguen llegando hasta copar toda la iglesia de manera que no hay espacio para nadie más. Estela se asusta un poco y sin preguntar quién es el muerto vuelve a la tranquilidad de la plaza donde hay tan poca gente que el pito de un policía se escucha clarísimo como en estadio vacío y, de pronto, ocurre el apagón, una anulación total de todas las luces de la ciudad y ocurre algo asombroso. Estela, quien estuvo en el último apagón de Jockey Plaza, no sabe qué hacer cuando ve tanta gente cruzando la plaza, cuando señoras de polleras y otras de faldones huyen corriendo despavoridas después de dejar los restaurantes, cuando ve que los vestidos de negro del velorio corren por medio de la plaza como si escaparan de un incendio, cuando el policía toca el pito de manera tan insistente como para prepararse ante un inminente ataque, cuando los encargados de los negocios cierran las puertas de éstos como locos, cuando ve a gente a punto de llorar que pasan mirándola con desconfianza. Estela se queda en una de las banquitas de madera en medio de la noche hasta que la electricidad vuelve después de quince minutos. Luego se acerca a un vendedor ambulante de películas piratas en una de las calles principales que dan a la plaza y éste le dice: “Qué miedo, señorita, la gente todavía le tiene miedo a los terrucos”. “¿Los terrucos?”. “Aquí hace tiempo que no hay apagones”. “¿La gente sigue teniendo miedo?”. “Es que usted no sabe cómo era antes, usted no sabe, señorita, no sabe”.
Referencia
Propia

    El Escorpión

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    elescorpion@diariolaprimeraperu.com

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