¿Antisistema, antiminero, perverso y saboteador?

Esos son los calificativos que el decano de la prensa nacional asigna a quienes no están de acuerdo con sus propuestas económicas. En un editorial publicado en las Fiestas Patrias agregó el relativo de saboteador para referirse a algunos de los “tripulantes” del gobierno actual que creen en la necesidad de regular el tamaño de la propiedad agraria, potenciar las funciones reguladoras de Indecopi y procurar el fortalecimiento de Petroperú, entre otras políticas. Antes había añadido el calificativo de perverso a quienes se preocuparon por incrementar el salario mínimo. Más antiguo es el de antisistema, muy socorrido en la campaña electoral, utilizado para denostar a los contrarios y el de antiminero surgido a propósito del conflicto de Conga.

Por Diario La Primera | 17 agosto 2012 |  1.8k 
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La cuestión con relación a estos calificativos no es sólo que reflejan poca tolerancia y minimizan el debate de contenidos, sino que son maniqueos al definir posturas a favor o en contra de un tema o política determinada. Nadie o muy pocos pueden en la realidad ser antisistema, o antiminero y menos perverso o saboteador. El problema principal con estas denominaciones es que se realizan desde una trinchera ideológica, donde se ignora o se oculta que la economía es una ciencia social, donde existen diferentes paradigmas o escuelas económicas con diferentes diagnósticos y propuestas para hacer frente a la realidad. La ciencia económica no es monolítica, y la división entre la economía positiva (“lo que es”) y la normativa (“lo que debe ser”) no es tan real como lo plantea el libro de economía tradicional.

El pensamiento económico del decano de la prensa se inscribe en la corriente neoliberal, más detalladamente en variantes de la escuela neoclásica, monetarista y de expectativas racionales. Para ellos el mercado de trabajo está equilibrado. Trabajan quienes desean hacerlo al salario de equilibrio. El nivel de empleo y el acervo de capital determinan el nivel de producción. La oferta crea su propia demanda y por tanto la intervención estatal (como factor de demanda) es inútil. Los agentes económicos son racionales y pueden anticipar el comportamiento de las autoridades fiscales y monetarias. En el corto o largo plazo esas intervenciones públicas son inútiles. El mercado lo arregla todo.

La perspectiva anterior ignora otros paradigmas económicos como el Keynesiano y el Postkeynesiano, donde la intervención a través de la inversión pública, las políticas monetarias y fiscales anticíclicas y la redistribución del ingreso son necesarias frente a las crisis. En el decano de la prensa nacional hay endogamia, ya que la mayor parte de sus comentaristas y editorialistas son de la misma corriente económica y se retroalimentan entre sí. Sin embargo, no se debe olvidar que esta característica en la biología reduce la capacidad de supervivencia y reproducción de la especie.

Referencia
Propia



    Germán Alarco Tosoni

    Germán Alarco Tosoni

    Opinión

    Profesor Universidad del Pacífico

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