Anomia multidrogo

Recuerdo un titular del desaparecido semanario Oiga, allá por los años setenta en que todavía se presentaba en formato tabloide, rezaba así: “¡Aquí sólo falta que llueva para arriba!”.

| 22 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Llamaba, claro está, la atención sobre el caos reinante en todos los sectores de nuestra sociedad, por ese entonces marcadamente concentrado en Lima. Bien sabemos que la capital sigue siendo el centro y por lo tanto el ejemplo de lo que pueda suceder en el resto del país. Lo cierto es que cincuenta años después ese titular sigue vigente y para todo el territorio patrio ya que hoy la anomia ha logrado fortalecerse de manera tal que ahora podemos llamarla anomia multidrogo, en irrespetuosa analogía con ese flagelo casi endémico como es el de la tuberculosis que se hace cada vez más inmune a más drogas. Estamos enfermos de desorden eso es más que evidente y siendo este el normal comportamiento de la mayoría, pues entonces los que obran de acuerdo a las normas debieran ser llamados anormales. De abajo para arriba, el mundo al revés. Así estamos.

No pierdo la esperanza en que algunas de las normales (¿o anormales?) autoridades, se levanten un buen día al revés y entonces, aunque sea por error, tomen decisiones tan simples, las que después de ser tomadas su efecto sea tan mágico en el orden que podamos preguntarnos ¿cómo no se les ocurrió antes si era tan sencillo? Me refiero, una vez más, a dos situaciones que forman parte del caos cotidiano: las revisiones técnicas y el SOAT. Los informes que con frecuencia anual nos regalan y al unísono los medios de comunicación, señalan o descubren (o descubren y señalan según para donde llueva en ese momento), que en promedio la mitad, sí está usted leyendo bien, la mitad de los vehículos que transitan pistas y carreteras, o no han pasado la revisión técnica o no cuentan con el SOAT vigente o, y esto es casi paranormal, tienen una calcomanía bamba, adquirida esta última en el inextinguible jirón Azángaro. Pues aunque parezca una operación de matemáticas puras o de física quántica, el poner orden en las revisiones técnicas y en el SOAT, es una tarea sencilla: hay que hacer que se cumpla con ambas.

De chico crecí con la idea que la policía era la encargada de que todos nos portemos bien. Hoy francamente no se dé que se ocupa la policía. Tenemos un archipiélago de autoridades y comprobamos a diario que ninguna de ellas se hace cargo de los problemas citados ¿Municipios? ¿Ministerios? ¿Policía? La pregunta es ¿quién está a cargo? Me imagino que no hay respuesta ya que la sentiríamos de inmediato.

Retrasos en el transporte, asaltos, accidentes, contaminación y economía son temas de conversación todos los días y en cada encuentro. Hacer obligatorio el cumplimiento de una obligación es una perogrullada, pero antes de que llueva para arriba, podemos esperar que alguna autoridad se arriesgue a tomar una decisión que obligue al cumplimiento de lo obligatorio, que se enfrente a la anomia multidrogo y que la quiebre. Imaginemos lo bien que la podríamos pasar si en pocos días de cumplimiento de la ley vemos reducido a la mitad el tráfico en nuestras ciudades, aunque sea por unos cuantos días mientras los infractores se formalizan, claro está todo esto antes de que llueva para arriba, pero esa es otra historia.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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