Allende, y la alameda inmortal

Leí sin asombro en el “Correo” la columna de su director sobre Salvador Allende. Sería un fenómeno escuchar un elogio en las páginas de ese diario de ultraderecha.

Por Diario La Primera | 01 jul 2008 |    

Salvador Allende es respetable. Parece un poema perfecto. Pocos seres humanos han escalado tan alto, al servicio de su pueblo como este chileno universal. Su ejemplo está más allá de cualquier diatriba sucia y mezquina.

Me refiero al ejemplo de su vida y no a los últimos minutos de su espléndido sacrificio. Allende es nombrado Secretario General del Partido Socialista en 1942. Fue varias veces candidato a la presidencia hasta que obtuvo la victoria en 1970. Desde siempre fue alameda ancha, transitada por los principios. Allende fue revolucionario desde el inicio de su maratónica carrera política. Nunca le temblaron las rodillas ni hizo concesiones ideológicas. No le tuvo temor a los fascistas, a los militares asesinos, al gobierno imperial. Era de una calidad y de una valentía a prueba de reaccionarios y de columnas lastimadas por el odio y el mal gusto.

Allende cuenta con el respeto, la admiración y el amor del género humano.

Alguna vez escribí el siguiente poema:

Un río de raíces
desde aquellos minutos
largos como el ancho mar
sudando Termópilas
como si el caballero
fuera guitarra
y zapato largo o arquero
disparando agudos
y alamedas
desde aquel recinto
demasiado pequeño
para tan grande hazaña


    Tomás Borge

    Tomás Borge

    Opinión

    Embajador de la República de Nicaragua